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En el año 2003, el imperio norteamericano, valiéndose de la mentira, propagaba que Sadam Hussein, en Irak, tenía armas de destrucción masiva, lo que representaba un peligro para la seguridad de Estados Unidos. Bajo ese argüido pasó por encima del Consejo de Seguridad y lanzó una invasión militar contra el pueblo iraquí. Luego se supo que en Irak no había armas de destrucción masiva, todo había sido una falacia usada como pretexto para apoderarse del país y del petróleo.

Sadam Hussein no pudo enfrentar la invasión militar gringa, se había quedado aislado, no tuvo aliados, ingenuamente pensó que podía enfrentar el poderío norteamericano con sus propios medios y fuerzas militares, mas la realidad fue otra: el ejército iraquí, como castillo de arena, se desintegró, se rindió sin pelear y en poco tiempo cayó el régimen autocrático que había gobernado la nación árabe por más de dos décadas.

La situación que vivió Irak ahora se traslada al pueblo de Siria. Existe una inminente invasión del imperio norteamericano, para ello han sido movilizados varios portaviones de guerra frente a las costas de Siria; solo esperan la orden para lanzar el fuego destructor sobre pueblos y ciudades sirias. El pretexto esgrimido no son armas masivas de destrucción, sino que el gobierno sirio usó armas químicas contra la población civil.

Aunque las Naciones Unidas enviaron una comisión para investigar los hechos, no existe un dictamen conclusivo, sin embargo, el gobierno imperial da como una verdad incuestionable el uso de armas químicas; entonces en cualquier momento la nación árabe podría ser sometida a un ataque mortífero por parte del cowboy del mundo.

En esta perspectiva Estados Unidos, no la tiene todas consigo. Por una parte, su sempiterno aliado, Inglaterra, ya dijo que no participará en esta aventura. Aunque parezca irónico, Francia, que se negó participar en la invasión a Irak, ahora respalda la intervención contra Siria. Aun el presidente Barack Obama, teniendo en sus manos el poder de decisión para ordenar el ataque, no quiere asumir la responsabilidad histórica y la papa caliente se la pasó al Congreso.

En este conflicto Siria no está sola como lo estuvo Irak, cuenta con poderosos aliados en la región como Irán, nación antagónica de EE.UU., la cual consta de una población de 70 millones de habitantes y posee un poderoso ejército; por otra parte está Rusia, país que tiene una base militar en Siria. El presidente ruso Vladimir Putin respalda al pueblo sirio y se opone a cualquier tipo de intervención militar, en el mismo sentido se ha pronunciado China continental.

En Estados Unidos hay manifestaciones populares contra la guerra, sin obviar que la economía norteamericana se halla aún en una crisis profunda y la guerra, si llega a producirse vendrá a profundizar aún más los problemas económicos en la sociedad norteamericana.

Esta situación tiene en vilo a la comunidad internacional. Si Estados Unidos, en forma irracional ataca a Siria, la paz del mundo estaría en serio peligro, puesto que en el conflicto arrastraría a varias naciones como Siria, Irán, Israel, Rusia, China continental y Estados Unidos. Es posible que los acontecimientos desaten otra guerra mundial, la cual sería catastrófica y mucho peor de la que vivió el mundo en los años cuarenta del siglo XX, pues ahora existe un arsenal nuclear con capacidad para destruir al planeta y a la humanidad misma, elemento que no existía en las anteriores conflagraciones.

En esta coyuntura tiene que imperar la sensatez, ya que lo irracional podría poner en juego la sobrevivencia de la humanidad. Se debe sopesar la decisión y lo que significaría la guerra no solo en el medio oriente, sino también para Estados Unidos. Las Naciones Unidas debe moverse y usar todos los instrumentos jurídicos a su alcance para evitar la guerra. Los líderes de las diferentes naciones tienen un rol importante: oponerse para impedir el ataque al pueblo de Siria, para que el conflicto árabe se resuelva por las vías de la negociación y el diálogo.

 

* Abogado y notario.