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Ella tenía una especie de amor intermitente. Lo amaba y luego lo olvidaba. Ya antes había ocurrido, solo que esta vez había durado demasiado. Después de un año sin recibir tan siquiera un beso húmedo de su esposa, Yamil recibió el tiro de gracia: “no siento nada por vos”. Así fue, sin más ni más. Ella serena y él asolado por la contundencia de aquella frase con olor a tragedia.

En un minuto recordó muchos años. Las noches de desvelo en la misma cama sin poder amarla; la indiferencia sufrida, la mesa vacía, los sueños perdidos y los detalles olvidados. Lo duro que fue experimentar la fría soledad de la cercanía distante. Por eso la letra de aquella canción de Perales: “es tu distancia estando cerca la que más duele”, se volvió su himno al sufrimiento.

El estrés de una vida al filo de la navaja le produjo úlceras, crisis nerviosas, pérdida del apetito y en ocasiones hasta extrañó las ganas de vivir. En sus momentos de reflexión, Yamil se sintió cobarde por no afrontar la realidad y tomar acción. Fue por eso que se marchó. Además, ya no sentían nada por él.

Pasado cierto tiempo recibió una nota judicial; lo demandaba por abandono de hogar, pensión alimenticia y otras tantas cosas que jamás imaginó. La salida de casa era la principal evidencia de su mal comportamiento paterno y conyugal.

Pensó que su mayor defensa sería explicar que no siempre, abandono implica marcharse, ni marcharse significa abandono. Ella no se marchó pero lo abandonó. Yamil se marchó, pero fue para no morir. ¿Lo entenderá así la señora justicia, cuando la fría evidencia le sea presentada?

Chiquilistagua, septiembre 2013.

 

* Promotor Programa Emprendedores.