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Debemos sentirnos orgullosos de quienes, en épocas distintas, demostraron sus sentimientos por nuestra patria, asediada por personas y grupos cuyos intereses siempre han sido preferenciales, que la verdadera razón de la Soberanía Nacional, convirtiéndose en clanes de oportunistas, de aprovechados, se burlan del pueblo. José Martí, el prócer cubano, dijo que “la patria es ara no pedestal”.

Los legitimistas y los democráticos lo demostraron en su triste pasado, empecinados, como lo registra la historia de Nicaragua, en repartirse las riquezas y el poder, provocando dolor y luto en muchas familias nicaragüenses, expoliando las espaldas de la gente humilde, sobre todo de los campesinos, que eran obligados a combatir, aun en situaciones desastrosas.

Pero han existido hombres dignos y honestos, precisamente en 1,821, cuando dejamos de ser tutelados por los españoles. Un grupo de leoneses se apuntan por la anexión a México. Entonces en Granada, dice la historia, se rebela contra esa actitud antipatriótica, don Cleto Ordóñez. Un barrio frente al Estadio Municipal “Roque Tadeo Zavala Sandino”, de Granada, lleva su nombre, pero son pocos los maestros y estudiantes que lo conocen.

Eso ocurrió dos años después de la “independencia”. Ordóñez, distinguido granadino, eleva su voz de protesta y proclama la República y apresa, indican los datos, al Coronel Crisanto Sacasa y lo confina al Castillo de Río San Juan.

Años después, las disputas por el poder de Manuel Antonio de la Cerda y Juan Argüello le causan serios daños a nuestro país; lo dicen los registros históricos. Es obligado a entregar su mandato de la Cerda, el que pasa a manos de Argüello.

Otra de debacle: aunque Nicaragua suscribe el 8 de abril de 1826 su primera Constitución Política, en calidad de Estado de la débil Federación Centroamericana, se exhorta a las elecciones de Autoridades Supremas. Como siempre las ambiciones personales de Argüello y de la Cerda, en 1827, encienden los fuegos de otra guerra.

El filibustero norteamericano William Walker encontró tierra fértil para sus ambiciones de esclavista, con lo ocurrido años antes, por las luchas intestinas de legitimistas y democráticos. Aunque otro hecho es “caldo de cultivo”, como siempre por las situaciones adversas a Nicaragua.

Se habla del entendimiento entre democráticos y legitimistas –16 de junio de 1855-; al parecer hay arreglos entre los generales José Trinidad Muñoz y Ponciano Corral, para fraguar símiles golpes de Estado, escriben los historiadores. En León lo encabeza Francisco Castellón y en Granada José María Estrada. Así lo escribe Francisco Vijil en 1855.

Se suscitan contradicciones por la contratación, por parte de los legitimistas, de William Walker, a quien le suman a sus 57 filibusteros, 200 leoneses. Walker marcha hacia Rivas. Es avisado el general Corral. El yanqui toma por sorpresa a Tola, defendida tan solo por 20 hombres mal armados.

Hay otros antecedentes, hasta llegar a la defensa de Rivas por el Coronel Manuel G. del Bosque, que le infringe la derrota al filibustero y sus huestes, con sus 120 hombres y otros reclutados, cuando este decide enrumbar de Granada a Rivas, llegando a las fincas de cacao San Esteban y Santa Ursula, con sus soldados.

La historia es amplia, es múltiple en ese sentido, hay numerosos detalles, bastantes datos para seguir escribiendo. Se dice que Walker, en esa refriega, pierde a dos de sus hombres, Kewen y Crocker, aquel 28 de junio de 1855.

Después se dan los hechos en el Mesón de Rivas, en una casa de Máximo Espinoza, donde W.W. queda reducido y se conoce la acción del maestro Enmanuel Mongalo y Rubio, y de un joven granadino, Nery Fajardo.

 

Septiembre 2 de 2013.

* Periodista.