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Como en muchas actividades humanas y sociales, también en los proyectos educativos se desperdician importantes aprendizajes acumulados, debido a que no es frecuente que las instituciones, programas y proyectos que desarrollan experiencias educativas las sistematicen con lo cual se pierde su ulterior utilización o incluso réplica, un valioso caudal de conocimientos, métodos, procedimientos y técnicas que han sido exitosas.

Con frecuencia la entrega de los técnicos y educadores al trabajo inmediato y absorbente, no les posibilita realizar una reflexión que vaya más allá del análisis de los problemas cotidianos.

Como producto de la situación anterior muchas iniciativas de desarrollo cuyo objetivo es la formación y capacitación de grupos sociales con necesidades y alternativas específicas e incluso innovadores, parten del nivel cero como si en el pasado no se hubiera ejecutado ninguna experiencia de esa misma o parecida naturaleza. Con ello se desaprovechan las riquísimas lecciones aprendidas por otros, se vuelven a invertir recursos en la experimentación y se pierde un valioso tiempo buscando caminos y rutas ya transitadas eficientemente por otros actores de proyectos educativos y de desarrollo.

Basta asomarnos a la historia de nuestra educación para constatar y lamentar tanta pérdida en buscar formas y métodos de aprendizaje que ya dejaron huellas importantes de calidad en su organización y gestión. Parece que el pasado quedó borrado, que solo sirve la iniciativa e inventiva del presente sin tener la visión adecuada de conectarlo con un futuro sostenido por su impacto más duradero y replicable.

Este desperdicio de energías, creatividad y recursos, en muchos casos, es responsabilidad de los ejecutores y participantes de iniciativas ya concluidas con éxito, quienes no tuvieron una visión de futuro, ni asumieron su participación con rigurosidad científica al no preservar para el futuro sus lecciones, aprendizajes, experiencias innovadoras y fórmulas exitosas compartidas con tantas personas en permanente perfeccionamiento.

Somos un país con una historia privilegiada en oportunidades de innovaciones educativas.

La propia Cruzada Nacional de Alfabetización fue una rica escuela de iniciativas pedagógicas, organizativas y de gestión que se introdujeron en el espíritu nacional del que en forma sostenida surgen sujetos creativos y proyectos sociales que amplían su campo de acción, sobre todo, a través de la educación no formal y popular.

Nicaragua ha estado sembrada de proyectos de desarrollo en la dinámica de la educación popular. El mapa de Nicaragua es un extraordinario compendio de iniciativas de aprendizajes anclados en proyectos e iniciativas sociales y comunitarias. La participación es ya un valioso potencial hecho hábito social y con frecuencia local. La movilización, la organización, y la planificación se han convertido en una triada de acción al inyectar su potencial en forma de participación, de ser parte de una acción sostenida en la vida de todo proyecto social.

También la educación sistemática y formal presenta en la historia de Nicaragua un gran abanico de iniciativas y cambios, de rupturas e innovaciones, de deconstrucción y construcción, de avances y estancamientos, de logros y esperanzas, plataformas activas de importantes aprendizajes educativos nacionales.

Este extraordinario panorama histórico de nuestra educación tan exuberante y limitada a la vez, no ha estado acompañada de un ingrediente indispensable para el rescate científicamente ordenado de tantas lecciones aprendidas y de tanta vida educativa trasmitida y recreada a través de tantos planes, programas, proyectos, estrategias y esfuerzos educativos. La trayectoria de nuestra educación es digna de respeto, admiración y también de reflexión y desafío.

A nuestra educación le ha faltado la multivitamina de la sistematización científica de las múltiples iniciativas y transformaciones desarrolladas que han escrito la verdadera historia de nuestra educación. La sistematización ha estado anuente de nuestra educación en sus múltiples y ricas expresiones. Se ha perdido una gran cantidad de esfuerzos maravillosos debido a la escasa preocupación por analizar, ordenar y divulgar las experiencias que han ido dando vida a nuestra educación. No han sido sistematizadas, no hay memoria histórica de ellas. Una lección pendiente que necesitamos aprender.

En consecuencia es muy provechoso y valioso inyectar la sistematización en la gestión parcial y global de nuestra educación. No podemos desperdiciar aprendizajes importantes que van fortaleciendo y perfeccionando nuestra educación.

 

13 de septiembre de 2013.

* Ph.D. IDEUCA.