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Así es. Tienen que pagar: “Lo devuelven por las buenas o lo devuelven por otros medios.” Lo dijo muy claramente y la jefa de la Policía Nacional. De igual manera se expresó el Arzobispo de Managua monseñor Leopoldo Brenes: “El dinero tiene que ser devuelto, porque es sagrado”. Hasta el nuncio apostólico, monseñor Fortunatus Nwachukwu, expresó: “Los responsables deberán encontrar una solución que corresponda a los compromisos asumidos.”

Las declaraciones de estas personalidades son tres estocadas a quienes delinquieron en este bochornoso hecho. No cabe la menor duda que la estafa de la cual fueron víctimas las monjitas del Colegio Teresiano y otras personas más, fue un plan preconcebido. Las estafaron sin piedad y premeditadamente.

No tuvieron compasión. Ahora, no solo basta que los acusados paguen lo que deben. También hay que ver cómo y por qué estas personas actuaron al margen de las leyes financieras del país.

La empresa de maletín acusada, fue creada y registrada en Panamá, para realizar supuestas operaciones financieras con certificados de inversión en Nicaragua, y por lo visto sus fines eran oscuros y turbios desde un principio.

¿Qué pasó con la Unidad de Análisis Financiero (UAF), entidad gubernamental que fue creada para detectar precisamente este tipo de actividades financieras que actúan al margen de la ley? ¿Es más burocracia que otra cosa?

Todos los banqueros del país se conocen entre sí y cada quien conoce las andanzas de los otros. Entonces, ¿cómo es posible que la Asociación de Banqueros de Nicaragua no se haya enterado de las ilegalidades de estos señores, que también los perjudican a ellos? ¿Por qué dicha empresa no fue registrada en la Superintendencia de Bancos y Otras Instituciones Financieras (Siboif) para operar legalmente en el país? Curiosamente, hasta el momento no se han pronunciado al respecto estas instituciones.

Quienes tienen responsabilidad en el manejo del sistema financiero nacional deben dejar a un lado sus vínculos de amistad con los implicados y tratar de corregir el grave daño cometido, no solo a las personas estafadas, sino a todo el sistema financiero. Porque esto ha creado mucha desconfianza hacia la industria bancaria y financiera del país. Y para colmo, al señor Montealegre, uno de los acusados, le sale otro tremendo “clavo” con el cierre de su empresa de call center, que está siendo demandada por sus ex empleados por incumplimiento en el pago de sus liquidaciones y otros.

Me pregunto: ¿Qué hubiera pasado si las víctimas no hubieran sido las religiosas? ¿El impacto noticioso hubiera sido el mismo? ¿Se hubieran salido con las suyas los presuntos estafadores? ¿Será este el fin de las pretensiones de ser Presidente de la República para uno de ellos? Hay una máxima que dice: “Quien mal anda, mal acaba”. Y otra dice: “No hay deuda que no se pague.”

 

* Ex diplomático nicaragüense.

javieraviles@yahoo.com