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El Quinto Mandamiento de la Ley de Dios dice: “No matarás”. Ordena no hacer daño a la propia vida, a mi prójimo, con palabras, obras o deseos. El odio es incapaz de liberar a nadie. El odio solo sirve para fomentar el odio. En la historia nadie ha conseguido ser libre gracias al odio. “El odio nunca está justificado para un cristiano” (Greeley: Mito de Jesús, VII. Ed. Cristiandad).

La guerra no puede ser nunca un medio normal para la solución de conflictos, por eso el Catecismo de la Iglesia católica expresa: “todo ciudadano y todo gobernante están obligados a empeñarse en evitar las guerras” (n 2308).

El papa Francisco ha pedido que todos los cristianos estemos más unidos en la oración y el ayuno. Orar por la Paz en Siria. Un diálogo sincero es difícil. Hay que aprender a dialogar. Hay que saber descubrir la verdad que hay en el punto de vista del otro.

A finales del siglo XIX había una gran curiosidad por el siglo que se acercaba. El siglo XX, llamado a ser el mejor de la historia. El mundo aspiraba a abolir la guerra, la pobreza y la ignorancia. Me pregunto: ¿ha sido el siglo XX “el siglo cristiano”?

Se pensó que sería el del humanismo, el respeto y la compasión por la vida. En su lugar ha sido el del genocidio y de mayores atrocidades en nuestra historia. Se produjeron las dos primeras Guerras Mundiales, las más devastadoras de la historia. Tanta sangre clama a Dios desde la tierra sobre la que fue derramada.

Creo que Dios, en su sabiduría, permite deliberadamente los malos tiempos, calamidades, pruebas y tentaciones, precisamente para probar a nuestros santos sobre el yunque del sufrimiento en fragua de la adversidad. Él proporciona hombres buenos para tiempos malos, y malos tiempos para hombres buenos.

Una Tercera Guerra Mundial podría destruir la humanidad por el armamento de que hoy dispone el hombre. La paz es el ideal, pero debe ser obra de la justicia. Un pacifismo conformista con la injusticia no es cristiano.

Debemos levantarnos y empuñar la mejor arma de todo cristiano: La Oración. El grito de la batalla ha sonado: ¡No a la guerra! El grito que supone el posicionamiento más importante en la historia de la humanidad. El grito que no cesa desde que EE.UU. y sus aliados lanzaron su política belicista. El grito que supone la defensa de una cultura de no violencia.

Kant dijo No a la guerra porque, igual que muchos de nosotros, la consideró una de las más graves afrentas contra la humanidad. Porque implica devastaciones, expolios y empobrecimiento de los Estados. Pero los males verdaderamente importantes, según Kant, son la pérdida de la libertad, el sometimiento y el embrutecimiento de las costumbres. Fueron estas las razones que lo llevaron a diseñar un proyecto político cuya razón de ser fuese la paz; y son estas las razones que alientan hoy nuestro grito: ¡No a la guerra!

 

* Licenciado en Comunicación Social (UCA).

alvaroruiz25@yahoo.es