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Varias palabras están de moda y se repiten a menudo: innovación, emprendimiento, diseño, reinvención, “reseteamiento”, etc. Todo hace pensar que quien no es creativo en este siglo, no tiene futuro.

En correspondencia con ello se afirma, con alguna frecuencia, que la escuela mata la creatividad. Desde el otro lado, también algunos docentes aseguran que tanta creatividad es un obstáculo para el verdadero aprendizaje. Otros se definen por un balance adecuado entre desarrollo de aprendizajes y de la creatividad.

También es cierto que, si crear es un hábito, con frecuencia en la escuela se lo considera un mal hábito, algo que se sale del marco y rituales establecidos. En coincidencia con diversos autores, pensamos que no estamos generando el talento necesario que el país necesita para resolver sus apremiantes problemas presentes y futuros. Y esta percepción está referida a todos los niveles del sistema educativo, básico, medio y universitario.

La creatividad está referida a producir, de forma intencionada, novedades valiosas, originales, que tengan cualidades, tales como: eficacia, belleza, gracia y, sobre todo, utilidad. Se trata, por tanto, de una capacidad, de una competencia. Es el hábito de crear, pasando por imaginar para llegar a inventar.

Por mucho tiempo, la psicología tradicional consideró que la creatividad no tenía relación con la inteligencia, convirtiéndola en algo raro y extravagante y, por consiguiente, poco recomendable. Una vieja tradición la vincula, incluso, con la locura. También hay escuelas que piensan que para que los niños y las niñas no destruyan su creatividad, más que enseñarles, es mejor dejarles que desarrollen su espontaneidad. Por supuesto, son interpretaciones sesgadas y sectarias.

Hay quienes piensan en el determinismo genético de la creatividad. Consideran que el talento se hereda. Hoy, aunque no está totalmente zanjado este debate, se sabe que el talento se educa. La creatividad es una cualidad de todo talento, de todas las inteligencias. Recordemos que, aun cuando nuestra educación con sus currículos, se ha instalado en una concepción tradicional de inteligencia, la realidad es que en la comunidad científica, la propuesta de Howard Gardner de las ocho inteligencias, tiene gran aceptación. Por desgracia, de ellas, nuestras educaciones (subsistemas educativos), suelen centrar su interés en una de ellas, con lo que el país pierde la posibilidad de desarrollar los talentos diversos desde temprano. Así, las diversas inteligencias (matemática, lingüística, artística, musical, naturalista, cinestésica, intrasubjetiva, intersubjetiva), quedan reducidas a su mínima expresión. Con ello, la capacidad creativa que activa e interrelaciona diversas inteligencias entre sí, queda fuertemente reducida a su mínima expresión. Guardar el equilibrio en el desarrollo de estas inteligencias, evitará que ninguna de ellas sea deformada por las otras. Podemos hablar, por tanto, del desarrollo de una creatividad básica que habilite para vivir inteligentemente, pero también de creatividad en las otras inteligencias.

El desarrollo de la creatividad nos convoca a revisar a fondo cómo están concebidos los currículos del sistema educativo y los métodos de enseñanza-aprendizaje. Si el país tiene prisa en su desarrollo, también lo tiene su educación. Por ello, la creación de capacidades, especialmente de la creatividad, debiera tener un lugar de primer orden.

Pensar con esta lógica de cambio implica, también, examinar a fondo cómo transcurren los métodos de enseñanza-aprendizaje en las aulas y cuáles puedan ser los principales enemigos del desarrollo de la creatividad. Requerimos lograr un mínimo indispensable que genere condiciones básicas para emprender un desarrollo creativo. Necesitamos que emerjan niños, niñas, jóvenes y profesionales con pensamiento crítico, capacidad para desarrollar un pensamiento divergente y búsqueda de nuevos caminos para resolver problemas; argumentar sus ideas y no de copiar y asumir las ajenas; y no de copiar-pegar información de internet, sino de darle valor agregado convirtiéndola en conocimiento. Desarrollar este mínimo indispensable, demanda que el profesorado se desprenda de roles cómodos de poder, sin respuestas predeterminadas, dogmáticas; y supere sus inseguridades alentando al debate de posiciones, ideas, sin vencer, sin imponer.

La esencia de la creatividad reside en la capacidad de resolver problemas. Estos provocan frustración en los estudiantes. El fracaso reside en que únicamente se les enseña a resolverlos siguiendo algoritmos basados en pasos, reglas fijas a seguir. Y los problemas auténticos requieren de métodos no algorítmicos sino heurísticos: rutas no formales, conjunto de preguntas que conducen a resolver el problema desde posiciones inventivas y no mecánicas. Apoyando nuestra posición, McKinsey ha señalado que el 30% del crecimiento es producido por procesos de trabajos algorítmicos, mientras que el 70% procede de trabajos heurísticos. El futuro, por tanto está en desarrollar estos últimos. Si logramos estos mínimos, podremos abrir nuevas puertas a métodos más creativos generadores de capacidades creativas.

 

* IDEUCA