Bayardo Altamirano
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Se requiere que las escuelas, colegios y universidades mejoren sustantivamente la enseñanza de las ciencias básicas y las matemáticas. Todo inicia con la mala formación de los maestros. Los formamos con una visión negativa. Les parecen materias irrelevantes, de poco interés y difíciles de aprender. Cuando se ven obligados a tomar los cursos salen peor que antes de tomarlos. Odian la Física, la Química y las Matemáticas que les enseñan a huevo.

Lo curioso es que conocemos la manera de hacer efectiva esta enseñanza, pero no la aplicamos. Se trata de hacer que los estudiantes piensen como científicos. Discutan entre ellos y seleccionen ejemplos reales de cómo opera la ciencia y cómo puede ayudar a mejorar las condiciones de vida.

En un proyecto buscábamos aplicar la hormona del Marango para aumentar la productividad de las cosechas. Teníamos un huerto experimental. Regado con caldo de las hojas y los tallos de dicho árbol se daban hermosas chiltomas y aguacates. Los alumnos se toparon con que debían mejorar su comprensión de los procesos químicos y tuvieron que repasar sus notas sobre la materia. Lo hicieron con una nueva visión del tema. De inmediato vi la necesidad de vincular docencia con investigación en proyectos educativos.

Debemos involucrar a las escuelas en los proyectos. Tratemos que los empresarios pidan a los alumnos formas de mejorar sus productos. La pequeña industria ve clara la perspectiva, pero nuestros maestros y directores son apáticos.

Se trata de enfocarnos en una instrucción científica efectiva y de provecho. No aprender por aprender sino para sacarle beneficio. Hagamos talleres para ver qué conocimientos de ciencia requieren las empresas que visitemos. Hasta ahora hemos ido de lo teórico a lo práctico. Busquemos trabajar en la ruta inversa.

Otros estudiantes decidieron fabricar vinos a partir de las frutas. No solo tuvieron que estudiar Química, sino Administración, y para aplicar ambas, Matemáticas. El aprendizaje tuvo un propósito y se tornó agradable.

Con los estudiantes de cada carrera se deben buscar los objetivos concretos y las ciencias requeridas. Se produce una interrelación. Incluso se dan casos de estudiantes que de malos se convierten en aplicados. No olvidar la gradualidad del aprendizaje. Ir de los casos sencillos a los complicados. Estimular al estudiante. Alentarlo a avanzar.

Hay que aprovechar la experiencia de los docentes jubilados. Muchos quieren ser útiles y dar consejos a los nuevos maestros y alumnos. No echemos en saco roto sus buenos propósitos.

El estudio de la ciencia requiere meterse a fondo. Lograr un científico. Rodearlo de aprendices. Desarrollar una nueva generación de científicos. Es indispensable multiplicar los laboratorios.

En Ingeniería, la retención de los estudiantes es un problema mayúsculo. Los índices de deserción son altos. Es difícil reclutar talentos. Esto se debe a la excesiva teorización sin conexión con las aplicaciones del conocimiento. Los alumnos que trabajan muestran más interés en lo que se les enseña. El estudio de las ciencias y las matemáticas para ellos tiene un gran sentido y entonces aplican, les ponen fe.

 

* Ingeniero. Docente universitario