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La “paseó” MPeso con su sistema de planificación, que se supone modernizará el trabuco del transporte urbano de Managua. Trabuco porque ahí se hace de todo a vista y paciencia de la ciudadanía.

Para asignar tarjetas originalmente se asignaron tres centros de distribución para más de millón y medio de personas, sin contar con los municipios periféricos que también son usuarios del transporte urbano.

El punto conocido como Zumen, se supone que atendería a la población que vive al Occidente de Managua, sin contar que los habitantes que viven en Ciudad Sandino también hacen uso del transporte urbano de Managua. Quienes vivimos en el área occidental no sabemos dónde están ubicados los centros de recarga, y mientras no se tenga un punto de referencia exacto, los usuarios seguiremos pagando con chelines.

Parece que, para los que planifican ese sistema, que es espacial por la naturaleza del servicio, no existen instrumentos como el mapa, para dar a conocer a la población dónde están ubicados los centros de recarga. Esto me hace suponer que planifican “de dedo” o al golpe de la vista. Esto se deduce también de la ubicación de los centros de tarjetas. También indica que nos consideran analfabetos cartográficos, dado que solo podemos orientarnos a la manera tradicional. Ej.: “De donde fue el Arbolito dos cuadras arriba, media al lago”.

Soy de los que creo que los servicios públicos deben contribuir a educar a la población, y qué mejor que usar un mapa para orientar al ciudadano y hacer uso adecuado de los servicios de transporte. Es más: cada bus incorporado al sistema de transporte urbano debería distribuir un plegable que muestre el recorrido de la unidad.

Al parecer la empresa MPeso no sabía a lo que se metía con el transporte urbano, donde los conductores arrastran muchos resabios (desde hacer perder el tiempo a los usuarios hasta manipular el ingreso que genera la misma unidad). Quisieron abarcar a la vez todo lo relacionado con el pago de servicios básicos (agua, energía, otros), sin tener probado el sistema y funcionando a la perfección. Ya se veían regordetes de dinero, pensando que los managuas harían filas como borreguitos para pagar sus facturas.

Quien tiene un modo seguro de cancelar sus recibos no se arriesga con uno que hasta la fecha no opera con eficiencia. Si son nicaragüenses, “se les cayó el zapote”, y si son inversionistas internacionales, “pecaron de omisión”. Conquistar al usuario será una terea de nunca acabar, más cuando tenemos una economía altamente informalizada, donde primero se suenan los chelines para comprar en el mercado informal.

Para lavarse las manos se apresuraron a incorporar al núcleo empresarial a un gerente de Relaciones Públicas (un “cara bonita”) quien da las buenas nuevas pero no resuelve el meollo: dónde recargar. Atender a los usuarios a través del plan empresarial solo está promoviendo un acto discriminatorio hacia quienes trabajan o se abastecen del mercado informal. Se les olvidó la existencia del inmortal Mercado Oriental, por donde pasa el 90 % de las rutas urbanas, y donde se mueve una población con mucha imaginación.

 

* Profesor jubilado. Las Brisas, C-8. Managua