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Las opiniones públicas en su visita por nuestro país, del principal fundador del concepto de desarrollo humano, Amartya Sen, se constituyeron de hecho en comentarios a los planteamientos del Plan Nacional de Desarrollo Humano y otras realidades relativas a un potencial desarrollo en nuestro país. El prestigioso Premio Nobel de Economía destaca la necesidad de inversiones de calidad en educación, salud, y productividad, como condición para movilizar la sociedad hacia un verdadero desarrollo. En este sentido, nos alerta a no ilusionarnos por las promesas de cualquier tipo de inversión, vengan de donde vengan, ya que está demostrado en distintas experiencias que no toda inversión conlleva al desarrollo.

¿Por qué Amartya Sen afirma estas cosas? Primero, la calidad se refleja directamente con la estrategia con que la inversión espera revertir una situación, digamos la pobreza en nuestro país. A la luz del desarrollo humano, una inversión de calidad se relacionan con la relevancia o impactos integrales que esta puede tener, no solamente en el bolsillo del inversionista y sus grupos allegados, como suele suceder con la teoría del “spillover” (efecto derrame) con la que se acostumbra hacer esperar a los pueblos por años y décadas, un bienestar que las generaciones van observando solamente entre los grupos económicos privilegiados. Hemos de preguntarnos entonces ¿qué medidas se toman para que la inversión mejore la calidad de vida de todos los actores sociales?, y ¿cuáles son los beneficios reales del incremento del PIB en cada persona o el común denominador de hogares?

También es calidad de la inversión su pertinencia o su adecuación a las condiciones materiales, tecnológicas, financieras y calificaciones humanas de un sector (agro, industria o comercio y servicios) o en una rama como el turismo, energías renovables, telecomunicaciones o industria alimentaria. Cuando hay inversión de calidad las condiciones señaladas formarán parte de una estrategia de desarrollo, no solo habrá un sentido de costo/oportunidad y aprovechamiento, sino también de mejoramiento y fortalecimiento de tales condiciones. Algunas experiencias incluyen como condición un porcentaje de la inversión extranjera dedicado al desarrollo de las habilidades tecnológicas nacionales (esto parece ser una buena idea para fortalecer nuestra soberanía sobre potenciales inversiones en megaproyectos).

Para el desarrollo humano, la equidad de la inversión es también señal de calidad. Es decir, la participación clara de los actores económicos y sociales representativos para lo inmediato y los años sucesivos, a fin de anticipar condiciones para esta participación. Se puede tener claro, digamos, que para elevar la productividad de frutas y verduras, puede bastar con un pequeño cambio técnico de producción, contándose desde ya con productores y técnicos que mejoran sus conocimientos y rendimientos productivos. Pero desarrollar el conglomerado de la agroindustria de alimentos nutritivos, requiere anticipar, formar y/o actualizar los recursos calificados necesarios para diseñar, instalar, hacer funcionar y dar mantenimiento; asimismo, en procesamiento y conservación, metrología, controles de calidad, mantenimiento tecnológico, entre otros. Es decir, contar con una clara estrategia empresarial articulada a la educación técnica, con perfiles, plazos y retroalimentación.

Pero el desarrollo humano no solamente consiste en elevar la productividad o, incluso la innovación; sino que la estrategia ha de promover sin lugar a dudas, principalmente al ser humano, como persona y como ser social. A esto se refirió Amartya Sen al hablar de la calidad de vida. Entre otros, supone que los conocimientos tecnológicos y de innovación productiva deben siempre ir acompañados de habilidades para una vida empresarial humana, apostando a que la actitud personal y los ambientes laborales y productivos con relaciones humanas positivas, estimulantes y constructivas, son piezas claves del proceso del desarrollo humano.

Poniendo a la persona humana como centro, se está garantizando la sostenibilidad del desarrollo, ya que además del talento y las habilidades productivas necesarias, se está formando la masa crítica de técnicos y profesionales que hacen la diferencia, convirtiéndose en altamente productivos, tanto en las áreas económicas como sociales, a causa de una motivación humana, lo cual al final de cuentas, es la principal causa que debe movernos como sociedad: la realización personal, familiar, comunitaria y social.

De lo anterior, fácilmente deducimos la necesidad de planes estratégicos que acompañen a la promoción y el crecimiento de las inversiones en nuestro país, a fin de enrumbarnos con inversiones de calidad en un proceso sostenible del desarrollo humano. Entre esos planes estratégicos es indispensable e impostergable un plan de desarrollo educativo a largo plazo, al menos para 20 años, que se articule al Plan Nacional de Desarrollo Humano con una visión común: la construcción de las condiciones científicas, técnicas, tecnológicas y humanas, que hagan realidad lo que tanto se pregona: hacer de la educación el motor del desarrollo, en este caso con una visión humana y sostenible.

 

* Especialista en Educación y Desarrollo