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El 9 de octubre entrará en vigencia la Ley No. 842, Ley de protección de los derechos de las personas consumidoras y usuarias. Esta Ley, en el inciso 3 del artículo 10, establece que la propina es voluntaria y que es prohibido incluirla en la factura, dejando a criterio de los consumidores pagarla o no. No hay duda que en el corto plazo esta Ley va a crear un shock en los bares y restaurantes, ya que la propina juega un papel relevante en los salarios de los trabajadores y permite mantener una baja presión salarial en los mismos.

El sistema salarial de bares y restaurantes, de forma general, está compuesto de dos partes: el salario pagado por el empleador, más la propina. El primero anda alrededor del salario mínimo, con algunas variaciones entre restaurantes, sobre todo en los más pequeños. En cuanto a la propina, como es incluida en la factura, pasa a ser administrada por la dirección de los locales para luego ser distribuida entre todos los trabajadores, correspondiéndole un porcentaje mayor a los meseros. Generalmente los ingresos en concepto de propina son superiores al salario pagado por la patronal, por lo que no es raro encontrar salarios de más de C$12,000 mensuales entre los bartenders y meseros.

Con la puesta en vigencia de la nueva Ley del Consumidor, vendrán algunas novedades. Los restaurantes, al no poder incluir la propina en la factura, esta pasará a ser propiedad del mesero y no del local, y además será menor. Esto traerá como consecuencia que algunos empleados no devenguen propina, lo que provocará inconformidad y posiblemente fuga de empleados, sobre todo de la cocina, que serían los más afectados. Lo más probable es que ciertos propietarios decidan retener a los empleados buenos, aumentándoles salarios, lo que se traduciría en un aumento en los precios del menú.

El organismo encargado de regular esta actividad es Intur, y considerando el impacto de esta problemática, sería conveniente que buscaran cómo normar la propina en conjunto con el Ministerio del Trabajo. El quid del asunto no es si la propina es obligatoria o voluntaria, porque eso lo define la Ley del consumidor, sino de quién es y cómo distribuirla, para evitar que la gerencia se apropie de ella.

La verdad es que esta Ley, lejos de asustar a los restauranteros, debería de servir como un reto. Es un hecho que actualmente hay abuso; prácticamente han institucionalizado la propina; no importa si el servicio es bueno o malo, o si el local es pequeño o grande; todos la están cobrando. Con la nueva Ley, lo más seguro es que solo aquellos locales en donde la excelencia sea la norma, serán los que no tendrán problemas. Los bares y restaurantes ya deberían estarse autoevaluándose y ver dónde están las oportunidades para mejorar.

 

* Economista. Tel. 22496279