•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

A la doctora Reina García.

 

Por sus cinco novelas reunidas en “Gargantúa y Pantagruel” (siglo XVI), el francés Rabelais es considerado un crítico de la naturaleza humana, a través de la exageración de sus características. Y García Márquez dice que toda la realidad latinoamericana es “totalmente rabelesiana”. Esto quiere decir que resulta particularmente difícil demarcar el uso de la hipérbole, recurso que procede de la expresión oral -sobre todo del lenguaje coloquial-, caracterizado por emplear términos enfáticos y expresiones exageradas para manifestar una idea que está más allá de los “límites de la verosimilitud”. Nosotros, por ejemplo, si queremos descargar todo el énfasis y la exageración al contenido emocional ya no decimos “de ninguna manera”, sino como lo registra la doctora Reina García en su “Diccionario de fraseologismos usados en Nicaragua”: “ni a palos”, “ni a cañonazos”, “ni a cinchazos”, “ni amarrado”, “ni loco”, “ni con la guardia”, “ni que me paguen”, “ni que me echen preso”, “ni que me maten”.

Y es que las construcciones fraseológicas le permiten al hablante no solo denominar enfáticamente la realidad física y cultural de su entorno (“quebrarse la nambira”, “reventar la cosa”, etc.); sino descargar sus tensiones y sentimientos, en un afán de “pintar” – exagerando el fenómeno- cualidades, virtudes, hábitos y costumbres, pero sobre todo vicios, conductas, defectos físicos e intelectuales, etc. Con el verbo “ser” son muy comunes: “ser (mete y saca, mujer de la vida alegre, más feo que mandado a hacer, más terco que una mula”).

Pero la fijación o estabilidad de los elementos que componen las expresiones hiperbólicas admiten, para darle mayor expresividad y fuerza a la negación, determinados cambios como la inclusión de la conjunción “ni”: “no cantar ni la lotería”, “no dar ni la hora”, “no dar ni sal para un jocote”, “no dejarlo ni respirar”, “no meter ni las manos”.

Otro recurso para la expresión hiperbólica es la construcción “no saber ni...” o “no tener ni...” sin que varíe el contenido semántico de la estructura fraseológica: “no saber ni cómo se llama”, “no saber ni jota”, “no saber ni la o por lo redondo”, “no saber ni juco ni muco”, “no saber ni mierda”, “no tener ni sal para un jocote”, “no tener ni un cinco (partido por la mitad)”. O la fórmula muy gráfica “más +adjetivo+ que” empleado en la variante de la expresión comparativa: “más pelado que la cola de un zorro”, “más caballo que dado a hacer de encargo”.

Fuente prolífica para el enriquecimiento y renovación de las unidades fraseológicas exageradas es el inagotable recurso de las frases verbales, como rasgo predominantemente predicativo de dichas expresiones. Sea por caso con “morir (se) de...”: “morirse de (la angustia, de la risa, de las ganas, de pena moral”, etc.); o con “meter”: “meter (cobas, guayola, unas largas y otras cortas”, etc.); o con “morder”: “morder (el cable, el leño, el polvo”); o con “hacer”: “hacer (una letra, una negrura, una trastada”); o con “salir”: “salir (como moco de ñato, como perro capado, como perro con pajuelilla, como pedo de mula”).

Son de obligada mención las variantes fraseológicas que experimentan estas construcciones sin que cambie su significado. Las más relevantes y frecuentes por su fuerza expresiva son las variantes léxicas, en especial, la sustitución de elementos componentes por sus sinónimos. Son comunes con sustantivos: “estar (o quedar) en (pelota, pirinola)”; “no tener ni (cama, petate) en qué caer muerto)”; “no aguantar el (ácido, gas)”; “no correr ni una (migajita, pizca) de aire”. O con adjetivos: “no tener ni un pelo de (tonto, chancho)”.

A veces, el elemento sustitutivo puede pertenecer a un elemento de enlace, como una preposición: “estar (de, con la) luna”. Otras veces el elemento sustituido es el verbo: “amanecer (estar) con tiricias”; “andar (estar) en apuros”; “mearse (orinarse) fuera del guacal. Hay circunstancias en las que la variante es toda una construcción adjetiva: “no creer en (cuentos de camino, santos que orinan, vírgenes que sudan)”.

Don Camilo José Cela se inclinaba por la variación semántica: “No es lo mismo –decía- estar dormido que estar durmiendo, porque no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo”.

 

* Escritor y lingüista.