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Frente al grave problema de violencia que sufre la mujer en nuestra sociedad, la Asamblea Nacional, en Enero de 2012, aprobó la Ley 779, Ley Integral Contra la Violencia hacia las Mujeres, que sanciona todas las formas de violencia del hombre contra la mujer: física, psicológica, patrimonial. Esta Ley, en su Art.46 establece que en esos delitos no procede la mediación. Prohíbe que la mujer agredida por el hombre acepte llegar a un acuerdo con el agresor y con ello suspender la persecución penal contra el imputado. Esta prohibición se estableció en vista de los casos de mujeres gravemente agredidas, luego de una mediación, por haberse atrevido a denunciar a su pareja.

La Asamblea Nacional aprobó una nueva Ley que reforma el Art.46 de la Ley 779 y permite la mediación en delitos menos graves, siempre que cuente con el consentimiento de la mujer, y que el agresor no haya incurrido antes en delitos de violencia intrafamiliar. Entre los casos menos graves la nueva Ley establece: la violencia física que provoca lesiones leves y la violencia que causa daño a la integridad psíquica y requiere tratamiento psicoterapéutico de la mujer. Tengo serias dudas sobre la conveniencia de la mediación en los casos anteriores.

La mujer generalmente va a aceptar la mediación, aunque la perjudique, por amor a su familia, razones culturales y religiosas, la presión del acusado y sentimientos injustificados de culpa. Se sentará a mediar cara a cara con el agresor, presa de un verdadero pánico.

La mediación no va a cambiar el carácter del hombre violento. El comportamiento agresivo es de naturaleza repetitiva. El hombre que maltrata a la mujer seguirá maltratándola porque es su modo arraigado de ser. No va a cambiar, a menos que recurra a un tratamiento psicológico o logre, a través de una reflexión profunda, una transformación interior.

Nos llama la atención que entre los delitos “menos graves” sujetos a mediación, la Ley establezca la violencia psicológica, que daña la integridad psíquica de la mujer, al punto de requerir tratamiento psicoterapéutico. Se trata de intimidaciones, coacciones, insultos, amenazas, humillaciones repetidas que afectan la salud mental y el desarrollo humano de la mujer. El maltrato y degradación de que es objeto causan verdaderas “heridas del alma”. No son visibles, y son difíciles de evaluar. El maltrato psicológico, cotidiano, repetitivo, deja huellas profundas en el alma femenina.

La mujer que es víctima de heridas en el alma desarrolla sentimientos de inferioridad, de sentirse poca cosa en sus relaciones con el hombre, que constantemente la insulta, la degrada. Por eso, la víctima de violencia psicológica difícilmente denuncia a su agresor y tiende a perdonarlo, porque a veces ella misma se siente culpable de provocar en el hombre motivos para ser maltratada.

Algunas organizaciones de mujeres llaman a la rebeldía y rechazo de la mediación. Creemos que esa postura no es correcta. Lo que corresponde ahora es dar seguimiento continuo a los resultados de la mediación en los casos de violencia intrafamiliar y reunir con el tiempo los elementos de juicio, debidamente documentados, para fundamentar, si es el caso, la conveniencia de una nueva ley que erradique la violencia de género y contribuya al desarrollo y bienestar de la mujer, conforme con los principios de igualdad y no discriminación.

 

Psicólogo.

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