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A mí me incumbe el béisbol como parte integrante de la sociedad y la historia. No en vano ha constituido la principal actividad de nuestra cultura popular. Por eso, en principio, le he consagrado cinco publicaciones. 1. “Béisbol y cultura en Nicaragua” (núm. 111 del Boletín Nicaragüense del Bibliografía y Documentación, junio, 2001) que contiene ensayos de interpretación sociológica, una breve antología de textos literarios, páginas escogidas de la Memoria de la X Serie Mundial de Béisbol Amateur, trabajos de cronistas deportivos, más una bibliografía de 38 entradas, correspondiendo ocho artículos al suscrito.

2. El béisbol en Nicaragua / Rescate histórico y cultural: 1889-1948 (2007, editado por la Academia de Geografía e Historia): un volumen de 338 páginas, más ilustrado que el anterior y, de hecho, la primera historia orgánica de nuestro deporte rey, donde expongo su origen, arraigo, desarrollo, época de oro y periodización en nueve capítulos: Un juego de élite asimilado por el pueblo (1889-1909); Expansión, impronta gringa y encuentros memorables (1910-19); Consolidación y supremacía centroamericana (1920-29); Aporte caribeño y proyección internacional (primeros años 30); Los conjuntos hegemónicos: Esfinge y General Somoza (1933-36); Los Juegos Centroamericanos y del Caribe en San Salvador (1935) y en Panamá (1938); Política, béisbol y fuerza militar (apostilla sobre la era somociana); Mundialización del amateurismo (1938-1947); y Apoteosis beisbolera en una dictadura pactista (La X Serie en Managua, noviembre-diciembre, 1948).

3. Una segunda edición, enriquecida, de la obra anterior, lanzada por la Academia Nicaragüense de la Lengua, ahora de 415 páginas y que incorpora testimonios de figuras históricas del béisbol nica. 4. Masaya y sus glorias beisboleras (AGHN, 2007) que ofrece más de veinte textos —crónicas y entrevistas, recuerdos y semblanzas— desde 1904 hasta la década de los 50; y 5. Extrabases y otras sorpresas (AGHN, 2013), una colección de 44 poemas y una nueva investigación sobre la década fundacional de 1910 a 1919, en la que se destaca el béisbol como factor de sociabilidad y se descubren los primeros box scores conocidos, entre otros aspectos interesantes.

Un objetivo motivó esta reciente publicación: la necesidad de rescatar del olvido, a través de la creación y recreación literaria, las figuras beisboleras que en la primera mitad del siglo XX el pueblo nicaragüense admiró y elevó a categoría de íconos. Es decir, a nuestras glorias de antaño —no siempre evocadas por los cronistas deportivos— y a otras que alcancé a conocer. Entre las primeras figuran Paco Soriano, Luis Pinnock, el Salvaje Miranda, Mario Patón, el Zurdo Argüello, el Chino Meléndez, Stanley Cayasso, Jonathan Robinson; y entre las segundas Timothy Mena, Duncan Campbell, Mudel Mathews y Willie Hooker.

Ya lo he afirmado: nuestro béisbol constituye la épica del imaginario nacional. De ahí la iniciativa de elaborar Extrabases y otras sorpresas, donde reconstruyo acontecimientos y anécdotas, retrato personalidades populares, trazo microbiografías de peloteros y fijo recuerdos y escenas dignas de perpetuarse. En las dedicatorias se pueden rastrear las fuentes en las cuales se sustenta la mayoría de mis “extrabases” en verso y prosa.

Sin embargo, no soy el primero en enaltecer a nuestros beisboleros. Un “Canto al San Fernando”, de Venancio Calvo Díaz —difundido en hoja suelta de 1923— se acredita la prioridad cronológica. Y al menos David McField facturó un poema antes que yo (“Cuando el equipo de León”). Lo mismo hicieron Horacio Peña con una gloria hispanoamericana (“Poema a un hombre llamado Roberto Clemente”) y Juan Velásquez Molieri con un astro mundial: Mickey Mantle (“El mocetón de Oklahoma”). Por cierto, dos poemas estadounidenses me marcaron: uno de Carl Samburgh (“Carreras y hits”) y otro de Rolfe Humphries (“Estadio del Polo Grounds”), traducidos al español por Ernesto Cardenal. En ambos aprendí algunos recursos de la poesía moderna que aquí aplico.

Finalmente, un dato curioso: a Rubén Darío le tocó ser el primero de los nicas en referirse a nuestro deporte rey. Viviendo en Guatemala, se preguntaba en un artículo del 18 de mayo de 1891, publicado en El Correo de la Tarde: “¿Qué clase de sport es aquí preferido? Cuando más, la caza; y cacería en regla allá, a la muerte de un obispo. Ni law tenis ni base-ball, ni nada”.

En resumen, las Academias de la Lengua y de Geografía e Historia han contribuido a la promoción del conocimiento a fondo de la única práctica social que une a los nicaragüenses sin distingos de credo religioso, filiación política, clase social y zonas geográficas.

 

* Escritor e historiador