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Hace un par de días me he enterado del lamentable fallecimiento de mi buen amigo y querido maestro, Don Eduardo García de Enterría (Q.E.P.D.). Recuerdo que lo visité en su despacho en Madrid, en Marzo de 2011. Conversamos de todo un poco, inclusive de anécdotas de colegas centroamericanos y de la posibilidad de publicar en Nicaragua uno de sus libros titulado: “Las Transformaciones de la Justicia Administrativa: De excepción singular a la plenitud jurisdiccional. ¿Un cambio de paradigma?”, bajo un prólogo de quien suscribe.

El maestro Eduardo García de Enterría fue un caballero en todo el sentido de la palabra, sencillo y humilde, con una gran sensibilidad humana y científica pocas veces vista, y fue, sin lugar a equivocarme, la voz más autorizada en el mundo del Derecho Público, en especial del Derecho Administrativo existente actualmente.

Digo esto, porque Don Eduardo demostró, durante toda su vida académica y profesional, ser un maestro reconocido con grandes dotes intelectuales que por designio natural o divino lo distinguieron, con una coherencia doctrinaria y de conducta, sin desviaciones de ningún tipo.

No he conocido a nadie (ni conozco) en este mundo que en los hechos haya desmentido las actuaciones del Maestro García de Enterría en vida, ya que este predicó, entre sus discípulos y amigos, acerca del debate y la tolerancia de las ideas, la motivación generacional y vocacional de los docentes en su formación y culminación científica; la defensa de los derechos humanos, el imperio de la ley y la juridicidad contenciosa administrativa efectiva, un derecho administrativo garante de los derechos fundamentales de los ciudadanos, de la supremacía constitucional y de los procesos regionales integracionistas; en fin, don Eduardo fue un puente (de ideas) de unidad entre Iberoamérica, España y Europa.

No quisiera terminar estas líneas sin expresar que Don Eduardo fue un gran científico que supo dar origen y desarrollo al Derecho Administrativo, sus instituciones y sus mecanismos de transformación institucional y dogmática en su actuación frente a los Derechos fundamentales de los administrados, apartándose de la corriente tradicional y asegurando el progreso de la ciencia a la cual dio parto y que debería llevar su nombre.

Don Eduardo, como hemos advertido, fue una verdadera institución educativa universal, humilde y sencillo, con una gran visión humana y académica, que solo los auténticos maestros saben transmitir. ¡Salud!

 

* Docente, Derecho Constitucional y Derecho Administrativo.

 

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