•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

La guerra tiene sus circunstancias, incluida su propia economía. Damasco, cercada y fortificada por los ataques opositores, sufre un asedio doméstico e internacional. A los habitantes de la capital siria, antes tan cosmopolita y serena, se les ve resignados. Son dos años y medio de conflicto.

El turismo, que era el 17% de la economía, ha desaparecido. Los precios de cualquier bien que no sea básico se han cuadruplicado. Y eso para quienes no han perdido hogares, trabajos e ingresos. La ciudad ha acogido a miles de refugiados internos que viven únicamente de lo que el Gobierno les da.

Cuando Siria se abría lentamente a las visitas de extranjeros, se concedían con facilidad visados, que los extranjeros aprovechaban para visitar tesoros como la mezquita de los omeyas. Hoy no hay trabajo para ellos, pero el Gobierno sigue pagando salarios a los empleados públicos.

El zoco de la ciudad vieja solo lo recorren sirios. Los pasajes bullen de gente, no han quedado vacíos. Pero turistas, ninguno. Los souvenirs de muchas tiendas acumulan capas de polvo. Los comerciantes se sientan en la calle, extrañados al ver a un foráneo. Lo que más se vende son artículos nacionalistas, recuerdos de guerra como banderas sirias o colgantes con la faz del presidente Bachar el Asad.

Las calles están fortificadas. El barrio cristiano lo guardan soldados armados, pues hace un año un coche bomba mató en él a diez personas.

La estimación común en las calles de Damasco es que los precios se han cuadruplicado, excepto pan, arroz y harina, que el Gobierno subsidia para cubrir necesidades básicas. Un kilo de carne de vacuno costaba 800 libras. Hoy, 3,000. Todo fluctúa con el dólar, que rige supremo. En las casas de cambio un dólar se vende por 173 libras. En el mercado negro, por 200. La inflación real ha superado recientemente el 200%.

El cerco económico de las sanciones de EE.UU y Europa asfixia a los damascenos. Las tarjetas de crédito extranjeras no funcionan. No se puede enviar fuera o recibir dinero por vías bancarias. La industria también sufre. Por ejemplo, para la maquinaria pesada comprada en Occidente no se pueden importar ya piezas de recambio.

“El embargo ha tenido un impacto negativo muy grande sobre las vidas de la gente. Los precios han aumentado. Hay escasez de recursos. Se agotan las reservas estratégicas de trigo y derivados del crudo. Antes teníamos reservas para aguantar dos años. Hoy nos queda para unos meses”, ha dicho el ministro de Industria, Kamal Edim Tuma, quien reconoce que las sanciones han tenido un efecto principal. Aunque, para incrementar sus reservas estratégicas, Siria ha contado con la ayuda de los aliados que cooperan con ella, como Irán, Rusia y China.

 

* Periodista español.

© Ediciones EL PAIS, SL. Todos los derechos reservados.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus