Bayardo Altamirano
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La educación es algo demasiado serio para dejarlo en manos de los políticos. Sé muy bien lo que es un maestro. Ayuda a construir la inteligencia de un niño, mantiene su asombro, dispara su imaginación. Enseñar es una de las mayores creaciones de la historia. No es algo sencillo. Imagínense incursionar en el mundo de la abstracción matemática.

Todo trabajo es construcción del futuro. Tarea formidable del maestro. Muestra el mundo exterior a sus alumnos, los hace ver más lejos de lo que hasta antes habían mirado y también a mirar con los ojos cerrados su propia vida interior, donde los sueños forman parte del proyecto de vida.

Según Cortázar, ser maestro significa estar en posesión de los medios conducentes a la transmisión de una civilización y una cultura. Enseñarles a usar y hacer suyo lo que como ser humano les pertenece. Recitar versos de Darío o de Salomón de la Selva, como si fueran suyos. A usar los juegos en su celular diseñado por otros, pero que le permiten jugar su propia partida. Pensar que los Girasoles de Van Gogh son tan suyos que los puede tener pegados en su cuarto.

Ser maestro significa mucho más de lo escrito. ¿Cuántos ayudaron a definir una vocación o evitar un camino falso? Cuando fracasa la misión de un maestro, fracasa la vocación de futuro de una sociedad. Fracasa incluso cuando el maestro llega a un aula como recurso de sobrevivencia económica, porque no encontró otro lugar dónde trabajar.

Tan poca importancia le hemos dado a la tarea educativa que hemos creado una estructura de poder paralelo, capaz de decidir planes de estudio, apropiarse de recursos públicos destinados a la educación para construir partidos políticos o adquirir vehículos para premiar a la burocracia sindical. ¿Se imaginan a un maestro llegar en una toyotona a una escuela rural de niños famélicos?

Cortázar nos recuerda que si un maestro debe inocular con cultura y civilización a sus alumnos su preparación en la escuela Normal no será suficiente.

En Finlandia los maestros se actualizan de manera constante y se evalúan, como ellos hacen con los alumnos, para medir su aprovechamiento. Los ingenieros se certifican cada año. Los maestros también deben hacerlo. Deben conocer nuevas tecnologías como Internet, además que conozcan mejor a los clásicos que siempre dicen cosas nuevas. Que hagan suyas las principales creaciones de la civilización para compartirlas con sus alumnos o estar al tanto de los derechos de las mujeres para decidir su maternidad.

No hemos enfocado la educación como bien social. Delegamos la educación de los jóvenes solo a la escuela. Los planes educativos a los políticos. Los maestros deben ganar mejor para que sean los adalides en la construcción del futuro de nuestra sociedad.

La crisis debe hacernos ver lo que nos jugamos con la educación. En Japón, las mejores escuelas de educación media son públicas. Igual ocurre con sus universidades. Esa sociedad ha hecho suya la cuestión educativa.

Ya no es posible que existan escuelas sin aulas, baños, agua, pupitres. No deben existir maestros comisionados para tareas políticas no educativas. Nuestro futuro será retaguardia si no le entramos en serio al problema educativo. ¿Cómo juzgarán los niños de hoy estos problemas cuando nos pasen factura? La historia no nos absolverá.

 

* Ingeniero. Docente, UNAN-Managua.

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