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En Siria se repite lo sucedido en Irak y Libia, tres países que vivían en paz y prosperidad gobernados por dictadores que lograban mantener equilibrio y convivencia entre tribus, sectas radicales y otros grupos con enemistades ancestrales, con una oposición impulsada por motivaciones diferentes, desde rivalidades tribales hasta odio religioso, pasando por oponerse a la represión que toda dictadura conlleva. Pero convivían en paz.

La situación cambia cuando intervienen los EE.UU. y sus aliados invadiendo, bombardeando o armando a la oposición, desatando la guerra civil. Los argumentos han sido que tales gobiernos por tener armas de destrucción masiva son una amenaza para Occidente e Israel y que son dictaduras que oprimen a un pueblo al que hay que apoyar militarmente.

Sabemos que Irak no tenía armas químicas, tampoco Libia. Por otra parte, como dijo en su conocida carta pública Vladímir Putin: “El mundo se pregunta: si no se puede contar con el derecho internacional, entonces se deben encontrar otras formas de garantizar la seguridad. Así, un número creciente de países tratan de adquirir armas de destrucción masiva. Hay una lógica: si tienes la bomba, nadie va a tocarte. Debemos hablar sobre la necesidad de fortalecer su no proliferación, pues esto se está descontrolando. Tenemos que dejar de utilizar el lenguaje de la fuerza y volver a la senda de la civilización con acuerdos diplomáticos y políticos.”

Bashar, igual que Sadam y Kadafi, es un dictador, pero también son dictadores el rey Abdalá de Arabia Saudita y los jeques de los Emiratos; sin embargo, no los invaden ni bombardean ni arman a su oposición porque estos gobiernos no apoyan la causa palestina y son sus aliados en el conflicto árabe-israelí. ¡Eso es lo que está detrás de todo! También hay intereses por el petróleo y las inmensas ganancias de la industria de armamentos; pero el “leitmotiv” es Israel.

En 1948 los colonialistas británicos se retiraron de Palestina y se creó artificialmente el Estado de Israel donde los palestinos tenían 1,600 años de vivir en paz. Es cuestionable que los judíos, por haber vivido allí antes, hace 2 mil años, tuviesen derecho a declararlo su Estado. ¿Deberían los árabes reclamar Andalucía? En todo caso, hoy debería lograrse que convivan en paz un Estado palestino y un Estado judío. Pero los judíos, que expulsaron de sus hogares y tierras a los palestinos creando millones de refugiados, se niegan a reconocer hoy un Estado Palestino soberano en una parte del territorio, y esa situación es la causa del conflicto árabe-israelí.

Los judíos en EE.UU. son dueños de bancos e inmensas corporaciones industriales y comerciales que financian gran parte de las campañas electorales y ejercen fuerte presión sobre presidentes y congresistas para que apoyen incondicionalmente a Israel. La Conference of Presidents of Major American Jewish Organizations se encarga del lobby con la Casa Blanca y el American Israel Public Affairs Committee es el principal mecanismo de lobby judío en el Congreso. Ese lobby implica halagos y amenazas. Además, los judíos controlan influyentes periódicos y cadenas de TV.

En 1993 Bill Clinton, Yaser Arafat e Isaac Rabín acordaron la paz garantizándole seguridad al Estado de Israel y reconociendo un Estado soberano palestino en los territorios de Cisjordania, Gaza y Este de Jerusalén. Desgraciadamente los radicales judíos asesinaron a Rabín y rompieron aquellos acuerdos que deben retomarse como única forma de acabar con tantos conflictos sangrientos, incluyendo el terrorismo.

 

* Abogado, periodista y escritor.

www.adolfomirandasaenz.blogspot.com

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