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La iniciativa rusa para evitar el ataque norteamericano a Siria, parece haberle salvado la vida política a Barack Obama, un premio Nobel urgido por llevar la guerra a Siria. Pero la opinión pública global no aplaudió a la diplomacia rusa por eso, sino por evitar más calamidad y horror a una nación ya destruida y desangrada. Más que traer la solución desbordaría sin lugar a dudas una crisis que superaría lo regional.

Apostar a que el accionar ruso en este conflicto sería principalmente en el ámbito de la diplomacia, no es casualidad. Rusia cuenta con un cuerpo diplomático monolítico, con pleno dominio de los instrumentos pacíficos de la diplomacia en materia de solución de controversias, que ejecutados táctica y estratégicamente, son de enorme importancia en la implementación de su política exterior.

Algunos, entre los más beneficiados con el importante papel que ha jugado Rusia en este conflicto, han sido el Derecho Internacional, la ONU y su Consejo de Seguridad.

Una característica importante de la diplomacia rusa es su procedencia académica desde el Instituto Estatal Moscovita de Relaciones Internacionales (MGIMO, por sus abreviaturas en ruso), adscrito a su Cancillería. El carácter monolítico de esta se puede apreciar por la presencia global de sus cuadros diplomáticos. Por citar tan solo tres del aparato de dirección de la cancillería rusa, menciono:

Sergey Lavrov (Graduado en el MGIMO, 1972). Con dominio de tres idiomas extranjeros: singalés, inglés y francés. Desde el 2004 a la fecha es el Ministro del Exterior. Sergey Ryabkov (MGIMO, 1982; danés, inglés, y francés). Desde 2008 Viceministro de Asuntos Exteriores. Vitaly Churkin (MGIMO, 1974: inglés, francés y mongol). Desde el 2006 es representante permanente en la ONU y ante el Consejo de Seguridad.

No solo el nivel de Dirección Superior procede del MGIMO. Los embajadores rusos en el Medio Oriente (por ser un “hot spot”) también se especializaron en el MGIMO. Azamat Kulmujametov, embajador en Siria (MGIMO, 1976); Serguey Kirpichenko, en Egipto (MGIMO, 1973); Sergey Yakovlev, en Israel (MGIMO, 1971); Oleg Ozerov, en Arabia Saudita (MGIMO, 1981); Levan Dzhjarian, en Irán (MGIMO, 1973). Todos con dominio de tres idiomas (árabe, francés, inglés y persa el último) y han laborado de manera alterna en países del Medio y Cercano Oriente y el Norte de África; de igual forma han rotado en cargos de dirección en los departamentos de la Cancillería que cubren esas regiones geográficas.

En Latinoamérica, por mencionar otros cuantos: Mijail Kamynin, en Cuba (MGIMO, 1978); Vladimir Zaemskiy, en Venezuela (MGIMO, 1974); Nikolay Sofinsky, en Perú (MGIMO, 1980); Eduard Malayan, en México (MGIMO, 1970); Alexei Ermakov, Panamá (MGIMO, 1973); Nikolay Valdimir, en Managua (MGIMO, 1974). Todos hablan español, inglés y francés.

En cargos menores se encuentra un ejército de traductores, analistas, cónsules, primeros, segundos y terceros secretarios; ministros consejeros, comerciantes, agregados comerciales, periodistas, juristas internacionales, jefes de áreas, secciones, departamentos y direcciones. Todos graduados del MGIMO.

En octubre del próximo año, el MGIMO cumplirá 70 años de fundación y resulta interesante ver cómo el Poder Ejecutivo ruso insiste históricamente en que sea dirigido por sus propios cuadros diplomáticos, manteniendo el profesionalismo y el patriotismo que el Estado exige, sin tener que ubicar cuadros políticos.

La estrategia estatal está relacionada con el rendimiento institucional. Al examinar las fechas en que estos diplomáticos se graduaron y el hecho que en su mayoría no son rusos sino de las diferentes repúblicas que conformaban la URSS, pregunto: ¿sigue la diplomacia soviética dando la batalla? Talvez como soviética no, pero sí como MGIMO.

 

* Msc. (MGIMO, 1990).