Ernesto Aburto
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El escándalo del llamado trío de los “cacha-monjitas” se convierte poco a poco en un tedioso “culebrón” judicial, mientras nuevos descubrimientos de víctimas y denuncias elevan hasta quién sabe dónde los montos de la estafa piramidal de esquema “Ponzi” que, según expertos, tiene muy poca diferencia con el modus operandi del Agave Azul y del otro publi-market de motos y carros rotulados, que todavía hacen llorar a muchos.

Un aspecto de la presente estafa, en el que pocos reparan por respeto o ignorancia, es que hayan caído en la trampa monjitas tradicionalmente hábiles para fijar aranceles escolares galopantes, o para desviar hacia los padres de familia –además del arancel- los grandes gastos del colegio como empresa educativa.

Simplemente sucede que a las religiosas, como a cualquier comerciante o comprador del mercado, a los que dejan llorando con cuentos de oro falso o de “loterillazo”, los timadores les picaron el gusanito de la codicia, y de ahí, las llevaron a dondequiera que ellos quisieran.

Porque… ¿cómo no iban a conocer las “sores” el refrán popular de que “aquello que parece demasiado bueno para ser verdad, generalmente lo es? O sea, demasiado bueno para ser verdad.

¿Qué, si no el afán de lucro, las hizo sacar sus ahorros de bancos responsables y bien establecidos, para ponerlos en manos de aventureros que solo tienen audacia para engañar, además de apellidos alcúrnicos, y pedigree de antiguos empresarios exitosos de la banca?

La verdad –y eso lo saben los sicólogos policiales- es que si alguien es seducido por la verborrea de un vendedor de sueños, se enfoca exclusivamente en la promesa que le hacen, y conscientemente, ignora otras variables, consejos y razonamientos.

Cuando el timador ya tiene convencido al goloso, se lo lleva a un restaurante, ordena una opípara comida y muchas bebidas para ambos, y luego sale por la puerta trasera para dejar al incauto con el peso de toda la cuenta.

Al lujurioso lo seduce el repentino amor de una doncella hasta entonces desconocida, y termina en la cama de un motel durmiendo un sueño pesado –y a veces eterno- completamente despojado de su dinero y de sus pertenencias, en tanto que al perezoso le sacan dinero “para los papeles” de un trabajo de vigilancia en el que pasará todo el día viendo TV y toda la noche durmiendo “porque la casa es bien segura”.

El timador educado y de cuello duro, que ya pasó por alguna rimbombante escuela extranjera de negocios, y el engañador de oro falso o de lotería “premiada” en los callejones del Mercado Oriental, se asemejan por su conocimiento de la sicología ajena –los segundos de manera intuitiva y empírica- y por su afán de sacarle provecho a la dundera de otros. Pero se diferencian en que a la hora de caer en manos de la justicia, llamémosle así, los elegantes enfrentan los procesos investigativos por cuantiosos millones de dólares caminando sobre las alfombras de sus casas y durmiendo con aire acondicionado en sus alcobas, en tanto que los chancletudos, por estafas de varios cientos de córdobas, terminan hacinados y espantando las pulgas en un calabozo de la estación policial.

Algo que da pesar y cólera es la persistencia de las estafas, y el hecho de que la gente nunca aprende. Oro falso, el seguimiento visual de una bolita bajo una de tres tapitas que el timador mueve rápidamente, y los “loterillazos” se siguen dando en todo el país, desde cuando empezaron a mediados de los años cincuenta del siglo pasado con el ingreso de timadores salvadoreños a los entonces populosos mercados Central y San Miguel de Managua.

A pocos meses de instalado el gobierno Chamorro, en 1990, un pícaro rentó una suite –y no la pagó- en el actual hotel Crowne Plaza, y convocó a pantagruélicos –que tampoco pagó- banquetes y sesiones de negocios con inversionistas nicaragüenses, quienes le entregaron montones de dinero para un comercio mundial de chatarra, que por entonces era abundante en el país. A más de 20 años, la cuenta del pícaro sigue abierta en el hotel, y los incautos todavía esperan el fabuloso negocio.

¿Y qué de los brujos que ofrecen mágicas soluciones de dinero y de salud en emisoras influyentes de Managua, que alguna vez tendrán que responder por colaboradoras necesarias? Pero eso es tema de otra reflexión.

De momento, y muy respetuosamente, sugerimos a las autoridades la creación de una Comisión Previsora del Fraude, donde las víctimas potenciales puedan ir a consultar los negocios fabulosos que alguien les está ofreciendo. Claro, alguien saldrá diciendo que eso atentaría contra la libertad de hacer negocios.

Pero serían los mismos traficantes del engaño, que practican un artificio tan viejo como el del patriarca bíblico Jacobo, quien, con el brazo forrado en peluda piel de cabro, se hizo pasar por su hermano mayor Esaú, que era velludo, para que Isaac, el ciego padre de ambos, le concediera al engañador la bendición de primogenitura.

 

* Periodista, fundador y exeditor de El Nuevo Diario.