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En septiembre, los protestantes de habla hispana celebramos el 444 Aniversario de publicación de la primera traducción de la Biblia al Castellano. La Biblia conocida como la Biblia del Oso fue publicada en Basilea, Suiza, el 28 de septiembre de 1569, obra del teólogo español Casiodoro de Reina. No tenemos dudas de que la Biblia es la Palabra de Dios, pero como texto literario no nos cayó del cielo, sino que es producto de un proceso histórico de memorias, compilaciones, fijaciones y traducciones que testimonian el valor fundamental de la experiencia de un pueblo y comunidades cristianas con Dios.

Los textos que conforman actualmente los dos bloques de la Biblia, Antiguo y Nuevo Testamento, en sus orígenes se fueron formando de manera independiente. Fue producto de una labor colectiva en que participaron muchas personas: jefes, legisladores, sacerdotes, escribas, maestros, historiadores, profetas, sabios, poetas, evangelistas, apóstoles, catequistas, liturgos, padres y madres de familia.

El Antiguo Testamento tiene tres grupos de escritores: Los historiadores, que recopilaron, revisaron y escribieron las tradiciones recibidas de muchos relatos de la memoria del pueblo y que fueron uniendo, completando o recortando de acuerdo a las necesidades. Los profetas: que se dedicaron a predicar; sus seguidores pusieron por escrito algunos detalles de sus vidas y del mensaje que comunicaron en nombre de Dios. Y Los sabios: recopiladores de la sabiduría popular.

El Nuevo Testamento pertenece a un periodo histórico más reciente. Se pueden clasificar a los autores en tres grupos: Los evangelistas: son cuatro (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) y ponen por escrito el testimonio de la vida y obra de Jesús. Se suma el libro de los Hechos de los Apóstoles, escrito también por Lucas. Los apóstoles: en alusión a Pablo, quien escribió varias cartas a las comunidades. Y Otros escritos, que se escribieron bajo el nombre de alguno de los apóstoles (Pedro, Santiago, Judas, Juan).

La Biblia no siempre fue texto. Por un tiempo, la transmisión oral era la forma de preservar en la memoria los acontecimientos, luego prosiguió una incipiente transmisión escrita, que al correr el tiempo fue imponiéndose. Fue escrita en hebreo, arameo y griego, idiomas muy ligados al contexto cultural que vivió el pueblo de Israel y las comunidades cristianas del siglo I.

En lo que conocemos como Antiguo Testamento no todo el material escrito fue aceptado por el pueblo judío, sino que estos pasaron por un proceso de selección que terminó en el llamado “Sínodo de Yamnia”; fijándose entre los años 90 y 100 d.C el “canon palestinense”. El Nuevo Testamento, de igual manera después de un proceso de selección, fue fijado de manera relativa a partir de dos concilios eclesiales, el de Hipona (393) y el de Cartago (397), que declaran cerrado el canon del Nuevo Testamento con los 27 libros actuales.

El texto hebreo del Antiguo Testamento se tradujo al griego, originándose la versión Septuaginta siglo III, que incluía los libros de Tobías, Judit, Sabiduría, Eclesiástico, Baruc, Carta de Jeremías, 1 y 2 Macabeos y las secciones griegas de los libros de Ester y Daniel. A esta colección de libros se les llamó “Deuterocanónicos”. El canon judío palestinense omite dichos libros.

Hacia el siglo IV d.C. circula ya la Vulgata, versión latina hecha por San Jerónimo, bajo la autorización del obispo de Roma Dámaso. En ella aparecen los actuales 27 libros del Nuevo Testamento, y los libros deuterocanónicos del canon griego que San Jerónimo colocó seguido a la colección del canon palestinense. El reformador alemán Martín Lutero y el teólogo español Casiodoro de Reina hicieron lo mismo.

No tenemos muchas Biblias como algunos creen. Solo tenemos una, y muchas traducciones a los diferentes idiomas. Si existen diferencias entre traducciones obedece más al canon griego o hebreo seleccionado para hacer la traducción.

La riqueza de la Biblia no consiste en una palabra caída del cielo, sino en que nos testimonia cómo en el plan de salvación de Dios en la historia, están implicados los seres humanos, con sus defectos y virtudes.

 

* Teólogo, miembro de la Sociedad Protestante Soli Deo Gloria.

sociedadprotestante@gmail.com