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En la educación cabemos todos y todas. Es una responsabilidad compartida por excelencia, que debiera incluir a las instituciones, movimientos, organismos sociales organizados y la familia, para aportar a una educación de calidad. La educación, así, se convierte en fuente de vida, capacidad y salud del desarrollo humano del país.

La familia, en este escenario, tiene el encargo de ser la principal célula educadora permanente, principal foco expansivo dinamizador de la comunidad de aprendizaje, forjadora de nueva ciudadanía. La escuela, por su parte, da continuidad, acompañamiento y fortaleza a esa encomienda de la familia educadora.

No es posible entender nuestra educación sin la participación de la familia. Su ausencia constituiría un nudo crítico fundamental a destrabar. Es la familia y su inserción, participación y acuerpamiento de la actividad educadora de la escuela, clave fundamental en dos dimensiones: demandando y aportando calidad educativa al centro y, a la vez, insertándose la escuela en lo más profundo de la familia y la comunidad de aprendizaje, fortaleciendo su función educadora, y cooperando en el aprendizaje de toda la comunidad.

Esto pareciera ser comprendido por los centros educativos y la familia, pero en la práctica, la brecha entre ambas instituciones aún es profunda. Varias experiencias que desarrolla el Ideuca, acompañando a centros educativos en procesos de construcción de calidad, nos han permitido confirmarlo.

Resaltamos a continuación un ramillete de lecciones aprendidas, a partir de procesos investigativos y asesoría brindados por el Observatorio de Calidad de la Educación, a lo largo de más de dos años, a ochenta centros educativos, la mitad ubicados en distintos departamentos del país, y los demás situados en nueve municipios del Departamento de Matagalpa, programa que coordinamos con la Delegación del Mined de este departamento.

La preparación de los padres y madres en talleres especiales y actividades similares, nos ha posibilitado conocer el nivel de interés y asunción de responsabilidad compartida que logran desarrollar, cuando descubren la importancia de su función educadora y, de manera particular, cuando comprenden el rol que deben de jugar en los centros educativos, aportando iniciativas y responsabilidad para que los centros mejoren la calidad de su desempeño.

A partir de su detonante explosivo de interés y compromiso para aportar al centro educativo y a la comunidad de aprendizaje, estos padres han fortalecido su liderazgo impulsando una dinámica e iniciativa, que puede en casos, superar los niveles de compromiso de algunos directores y docentes. En tanto, las puertas del centro educativo se abren de par en par, sin reticencia alguna, con elevado nivel de hospitalidad, respeto y cariño, la respuesta positiva de los padres y madres líderes no se hace esperar.

En cambio, cuando se les niega la oportunidad de aportar, por no comprender la importancia que tiene su participación, el desconcierto, confusión y frustración son perjudiciales, al quedar desamparada la vitalidad educativa que podrían inyectar, y privando al centro educativo de poder incidir con su energía formadora en la familia.

La experiencia lograda en estos procesos nos ha aportado nuevos saberes surgidos de la práctica, sobresaliendo los siguientes:

-Cuando la dirigencia ejerce su cargo como un servicio y no como poder, crece ampliamente el aporte educativo de las familias. Esto no es posible, si el cargo se ejerce como poder.

-Su participación en el centro no es estática sino dinámica, no es utilitaria sino de fondo, no es para avalar, sino para enriquecer las decisiones.

-Esta inserción dinámica contribuye a que las actividades abiertas del centro, tengan carácter auténticamente educativo y contribuyan a mejorar la calidad.

- Los padres y madres se involucran apoyando tareas docentes, aportando medios de apoyo didáctico, involucrándose en reforzamiento escolar, apoyando a estudiantes en proyectos científicos, aportando iniciativas para mejorar el clima y ambiente educativo.

-Participan con dinamismo e iniciativas en comisiones del centro, en coordinación con docentes para mejorar el desempeño académico de sus hijos e hijas, fomentando la lectura y escritura en el hogar, leyendo y contando cuentos e historias a sus hijos pequeños, ayudando a que se responsabilicen de realizar sus tareas, etc.

-Padres y madres líderes elaboran en conjunto con la directiva del centro educativo, el Plan de Desarrollo Educativo, planes de mejora de la calidad con indicadores concertados.

-La comunidad de aprendizaje se construye con su apoyo, convirtiéndose el centro en foco que irradia valores y actitudes con transparencia, organizando acciones educativas para los distintos actores comunitarios.

En definitiva, cuando directores y docentes superan el temor a perder poder, comprometiéndose con actitud de servicio, la participación comunitaria es genuina y provechosa.

 

* Educador. IDEUCA.