•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

La Academia de Geografía e Historia de Nicaragua prepara un número monográfico de su revista, dedicado al Centenario de la Provincia Eclesiástica de Nicaragua. Creada el 2 de diciembre de 1913 por el Papa Pío X, a través de la bula “Quum Iuxta Apostolicum Effatum”, separó la diócesis u obispado de León de la iglesia metropolitana de Guatemala y la dividió en una arquidiócesis: la de Managua; en las diócesis de León y Granada, y en el vicariato apostólico de Bluefields.

Quien hizo las gestiones fue el delegado apostólico Juan Cagliero, residente en Costa Rica, durante la administración del mandatario conservador Adolfo Díaz y dentro de las relaciones armónicas entre la Iglesia y el Estado. Significativamente Nicaragua había sido consagrada al Corazón de Jesús el 15 de diciembre de 1912. Entonces la Asamblea Constituyente, el Supremo Gobierno y la Corte Suprema de Justicia fueron convocados a la vieja parroquia de Managua para estar presentes en la ceremonia de rigor y recibir la bendición eucarística. Al canónico doctor don José Antonio Lezcano, le correspondió subir al púlpito y leer, con voz clara, la fórmula de consagración.

En realidad, el 10 de diciembre de 2013 cumplirá dicha provincia sus 100 años de fundación, pues en esa fecha fueron nombrados los primeros obispos para asumir sus respectivas diócesis. ¿Quiénes eran? Simeón Pereira y Castellón (1863-1921), nacido cerca de Pueblo Nuevo, pero leonés de adopción, último obispo de León (cuando esta diócesis abarcaba todo el país) y primero también de León, ya dividida la anterior diócesis; el ya citado José Antonio Lezcano y Ortega (1865-1952), nacido en Granada, primer arzobispo de Managua; Isidoro Carrillo y Salazar (1876-1931), también leonés, obispo auxiliar de Managua con residencia en Matagalpa; José Piñol y Batres, guatemalteco, obispo de Granada; y Agustín J. Bernaus y Serra (1884-1930), nacido en Aresa de Segre, España, vicario apostólico de Bluefields.

Salvo el primero y el último, los demás habían sido gratos al Gobierno de la época en nota del 31 de diciembre de 1912 dirigida por el ministro de relaciones exteriores, Diego Manuel Chamorro, a monseñor Juan Cagliero. En relación con el nombramiento del vicario apostólico de Bluefields, el ministro sugería un candidato que perteneciese a una comunidad religiosa y que hablase español, francés e inglés.

En cuanto a la ausencia de dicha nota del gran obispo Pereira y Castellón, el gobierno era ajeno a la misma. Obedecía realmente a la negativa que el mismo prelado leonés había dado, en enero de 1909, a monseñor Cagliero, cuando este personalmente le propuso la división de la diócesis. Fue a esta causa que León perdió el derecho de ser sede arzobispal y su catedral el rango de metropolitano.

Históricamente, León merecía esa primacía, ya que su diócesis se remontaba al 26 de febrero de 1531, cuando en consistorio de cardenales, el Papa Clemente VII la había erigido, siendo confirmada por la bula “Equum Reputamus”, emitida el 2 de noviembre de 1534 por Paublo III. Este fue explícito al decir que se creaba una iglesia catedral “para un obispo que se intitulase de León o Legionensi”. No hubo nunca, pues, un “epíscopus nicaragüense”.

La diócesis de León fue sufragánea de la arquidiócesis de Sevilla hasta el 11 de febrero de 1546. Luego pasó a ser sufragánea de la de Lima hasta 1647, año en que pasó a la México y el 16 de diciembre de 1643 comenzó a serlo de Guatemala, elevada en esa fecha a metropolitana.

Pero con la referida bula fundacional del 2 de diciembre de 1913 quedaba separada de Guatemala y se constituía en la nueva Provincia Eclesiástica Managüense.

El número de la revista de nuestra Academia constará de unas veinte colaboraciones, suscritas entre otros por los historiadores nacionales Jorge Eduardo Arellano (El régimen de Zelaya y la Iglesia Católica), Mario Borge Castillo (Los Obispos de Nicaragua: 1913-2013), Bayardo Cuadra (Monseñor Lezcano: vida y obra apostólicas), Monseñor Miguel Mántica (Movimientos Laicales anteriores y posteriores al Concilio Vaticano II), Jorge Rodríguez (Las dos visitas del Monseñor Cagliero), Roberto Sánchez Ramírez (Los heroicos capuchinos del Caribe); Edgar Zúñiga (Las dos etapas del vicariato apostólico de Bluefields y La aplicación del Concilio en Nicaragua).

También colaboran historiadores extranjeros como el chileno Rafael Ávila (Estado e institución religiosa en las dos regiones de Nicaragua) y los norteamericanos Bradford Burns (La sociedad patriarcal nicaragüense antes de 1858) y Phillip J. Willians (Evolución de la jerarquía católica de Nicaragua).

 

* Escritor e historiador.