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A la cineasta Rossana Lacayo

 

En todo hablante subyace en cierto modo una necesidad (‘necesidad humana’ dice Baldinger) de explicar el significado de una palabra. Cuando un nicaragüense le dice a otro “sos un caballo” (‘torpe’, ‘estúpido’), sabe perfectamente el porqué del uso del vocablo (en sentido figurado), como lo sabe también un hondureño, un costarricense, un peruano o un panameño. Y de “caballo” (‘torpe’), deriva “caballada” (‘torpeza’). Ambos casos citados constituyen ejemplos de lo que se ha dado en llamar “motivación”, que Dubois la define como ‘la relación de necesidad que un hablante establece entre una palabra y su significado’. Por eso se dice que una palabra es “motivada” cuando es susceptible de ser explicada por el hablante común (Montes Giraldo). La etimología popular es una buena razón. Una persona de bajo nivel cultural dice “otra tumba” (por ultratumba), “orinario” (por urinario), “catatumbas” (por catacumbas).

Por otra parte, será “inmotivada” la palabra si el usuario corriente no puede explicar nada sobre su aspecto gramatical o semántico. Un trabajador del campo conoce desde niño la langosta llamada en Nicaragua “chapulín”, que en bandadas arrasa los cultivos, pero no puede explicar su procedencia, porque no conoce su raíz etimológica del náhuatl. “Chapulín” es una palabra “motivada” para la persona que sabe su origen etimológico, pero “inmotivada” para el campesino.

Una palabra determinada tendrá su grado de motivación o inmotivación según el grado de acercamiento que un hablante tenga de ella en su funcionamiento en la realidad, es decir, en el habla. Así, “peluemay” se aplica a la mujer de cabello rubio, por su semejanza con el color amarillo de la pelusa de la mazorca. Pues quien ve una “peluemay” y conoce la pelusa de la mazorca, tendrá una idea clara de la denominación y habrá por tanto en este caso una perfecta “motivación”; quien conozca por referencia solamente uno de los dos elementos, tendrá una imagen muy tenue del vocablo y lógicamente habrá una motivación vaga, y quien desconozca totalmente ambas realidades, no podrá explicar absolutamente nada y la palabra será para él inmotivada.

La motivación o inmotivación está relacionada también con el conocimiento o no del origen de la palabra en la lengua, las épocas y las regiones. Así, “salario” proviene del latín salarium (dinero dado a soldados romanos para comprar sal). Es una explicación etimológica de la motivación, imagen o relación que se encuentra en la base del término español “salario”. El lenguaje figurado lo convirtió en “pago por los servicios de un trabajador” y el hispanohablante de hoy no piensa en ninguna relación con “sal”, porque la voz ha perdido completamente su motivación y se ha vuelto arbitraria en el uso actual. Es el mismo caso de “talolinga”, término de origen náhuatl (tlalli-tierra, olin-temblor, can-lugar), cuyas raíces le advertían a nuestros antepasados indígenas que se trataba de un tembladero; en cambio, la sola palabra nada le dice a quien no conoce el náhuatl.

La motivación tiene asimismo relación con los hablantes de los diversos estratos socio-culturales, incluyendo las profesiones y oficios y el mundo de los bajos fondos. La frase “poner el cascabel al gato” carece de motivación para quien desconozca el contenido de la fábula de Esopo, o “ser como gallina clueca” para quien nunca haya visto una gallina clueca, muy apegada a sus polluelos.

Dirigido por la cineasta nicaragüense Rossana Lacayo, “Pikineras” es el título de un exitoso documental que cuenta con las dominaciones “Premio por mejor película realizada por directora mujer” y “Premio Desarrollo Sostenible”. Además, fue seleccionado para participar en la 7ª Muestra de Cine Latinoamericano, y por el “5to. Festival Internacional de Cine Invisible” celebrado recientemente en Bilbao, España. “Pikinera” es una voz híbrida, derivada del miskito “pikin” (‘anticipo’), que las mujeres miskitas (llamadas por eso “pikineras”) les dan a los buzos y que estos a cambio les entregan las langostas, que luego revenderán al mercado de Puerto Cabezas. “Pikinera” es una palabra motivada.

En el acto creativo del habla siempre hay motivación, porque el hablante recurre a las posibilidades que le ofrece su lengua para denominar algo nuevo, condicionado por la tradición lingüística y espiritual, el entorno en el que se desenvuelve y las circunstancias que rodean la comunicación.

 

* Escritor y lingüista.