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Cuando existe democracia -la sociedad en su conjunto ejerciendo el poder- los ciudadanos eligen a quiénes los representan para tomar las decisiones de gobierno. Tales representantes deben surgir de la voluntad de sus representados y escogidos con absoluta libertad. Pero los ciudadanos pobres que carecen de lo necesario para satisfacer sus necesidades básicas no son totalmente libres para elegir, pues la pobreza hace vulnerable su voluntad; sus necesidades apremiantes y urgentes no les permiten –al menos no siempre y no a todos- tomar decisiones sin diferentes influencias que condicionan su libertad. Por lo tanto, una verdadera democracia no logra desarrollarse cuando hay muchas diferencias económicas y gran parte de la población sufre pobreza. Habrá, entonces, una democracia muy imperfecta y deficiente.

Esta reflexión dio origen al social liberalismo de centro-izquierda; una corriente política que promueve gobiernos resultantes de procesos democráticos, con separación e independencia de los Poderes del Estado y respeto al ordenamiento jurídico e institucional basado en una Constitución surgida de la voluntad popular, sosteniendo los principios liberales clásicos de libertad, igualdad y fraternidad, pero considerando que donde hay muchas diferencias económicas es imposible para los pobres ser totalmente libres, pues su pobreza los enajena, y para garantizar una completa libertad es necesaria la intervención del Estado que procure para todos la satisfacción de las necesidades básicas como salud, educación, empleo y seguridad social, lo cual es posible solo si la fraternidad se traduce en solidaridad social. Solo así los ciudadanos serían verdaderamente iguales y libres. Es una ideología liberal, pero también socialista porque promueve cierta intervención social del Estado. En el espectro político se ubica como izquierda moderada.

Los primeros social liberales aparecieron a finales del siglo XIX actualizando el liberalismo clásico y enfrentando las posturas de derecha del neoliberalismo. Entre los más importantes figuran John Stuart Mill, Emile Durkheim, Friedrich Naumann y John Maynard Keynes. El social liberalismo, evolucionando desde el individualismo liberal, coincide en muchos aspectos con la social democracia que surge desde el colectivismo marxista, aunque ambos tienden modernamente a fusionarse. Las políticas social liberales y social demócratas lograron un alto nivel y calidad de vida en la mayoría de los países de Europa, Canadá y Australia. Entre otros son social liberales el Partido Liberal de Canadá, el Partido Democrático del Japón, el Congreso Nacional Africano de Nelson Mandela en Sudáfrica y el Partido Demócrata de Estados Unidos.

El liberalismo nicaragüense nació revolucionario, progresista, abanderado de los pobres y promotor de la clase media. Con sus errores y aún en períodos de dictadura impulsó la justicia social (la educación gratuita, la igualdad de la mujer, la legislación laboral, la seguridad social, etc.) Claro que también existe el neoliberalismo de derecha, opuesto al social liberalismo de izquierda moderada; pero, ¿de verdad tendremos muchos liberales optando conscientemente por ese “capitalismo salvaje” condenado hasta por los papas? Encontramos “liberales” que con pasmosa simplicidad se llaman de derecha sin mayores razonamientos, sin una ideología qué defender ni un programa qué proponer, reducidos a lo coyuntural. El social liberalismo debe resurgir con su ideología aportando propuestas útiles para superar nuestros niveles de pobreza y avanzar en la democracia, haciendo críticas constructivas y propiciando diálogos inteligentes y patrióticos para lograr acuerdos nacionales que contribuyan a completar las tareas políticas pendientes, reconocer y consolidar lo que está bien y corregir lo que debe corregirse.

* Abogado, periodista y escritor.

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