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En los setenta vi una película que me conmovió. El lugar: Turquía. La cinta reflejaba el sistema carcelario a cuyas ergástulas llegó un norteamericano, acusado de posesión de drogas. El juez impone la pena de tres años de prisión, el fiscal apela, el recurso es admitido y el tribunal aumenta la condena a varios años más. La película reflejó las condiciones infrahumanas de los convictos, el maltrato que reciben de los guardias, las condiciones de insalubridad, la mala alimentación, etc. Al final el protagonista mata a su verdugo, escapa de la prisión y regresa a su país.

Este año se hizo pública la violación a los derechos humanos que sufren los convictos en el país. Se denuncia al Mingob de que no acata las órdenes de libertad de los jueces, que retiene ilegalmente a los reos procesados y condenados por narcotráfico, aun cuando cumplieron la pena.

Los convictos se quejan de hacinamiento en las cárceles. En los últimos años, la población penal ha crecido, por haberse desvirtuado el Código Procesal Penal (CPP). Lo último pasó a primer lugar, es decir, la prisión preventiva; la Cárcel Modelo de Tipitapa está topada; en los departamentos los Alcaides de las “granjas” no aceptan más reos; en las celdas preventivas de la Policía hay convictos y reos bajo proceso judicial.

El hacinamiento, pésima alimentación, conatos de amotinamiento en Granada, Chontales, Región Autónoma… En el primero, la solución estuvo a cargo de antimotines y en las otras funcionó el diálogo, más el clima es tenso, en cualquier momento puede estallar una bomba de tiempo como ocurrió en los penales de Honduras, Guatemala, Venezuela, Brasil.

La Ministra de Gobernación, Ana Isabel Morales, dio declaraciones a los medios. Se vio fría e insensible, olvidó sus tiempos de guerrillera, cuando fue prisionera de la dictadura; sin embargo reconoció que muchos reos no son puestos en libertad por ser narcotraficantes; aseveró que los reos no pueden exigir mejores condiciones carcelarias y deben resignarse a las condiciones inhumanas existentes, y que el Estado está construyendo una cárcel de máxima seguridad para los convictos por narcoactividad.

Con todos los millones de dólares que las autoridades han incautado a la narcoactividad en los últimos diez años, sería suficiente para que el Estado haya construido más centros de reclusión que presten condiciones mínimas a los condenados, mas el dinero se gastó en otros menesteres y ahora se vive tensión en las cárceles.

Una persona, aun siendo convicto, por muy grande o terrible que haya sido el delito cometido, y llevado a un centro reclusorio para cumplir penas de 10, 15 ó 20 años, aun con la suspensión de ciertos derechos civiles y políticos, nunca, como ser humano, pierde sus derechos, por tanto, es obligación del Estado dar a la población penal las condiciones mínimas. El único derecho que pierde el convicto es la libertad, la cual podrá recuperar una vez cumpla la pena.

 

* Abogado y notario.