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Por muchos años las gestas de San Jacinto, El Coyotepe y La Barranca, se redujeron a los nombres que contiene el parte de guerra del entonces coronel, José Dolores Estrada Vado, o las cartas, manifiestos y circunstancias de la muerte del general Benjamín Zeledón Rodríguez.

Es reciente el rescate de los combatientes de origen humilde. Desde los indios flecheros de Matagalpa, hasta los campistos de los llanos de Oxtocal. También los nombres de los improvisados defensores que derramaron su sangre en los cerros al noroeste de Masaya.

Razón tuvo el general Augusto C. Sandino, cuando al iniciar su lucha, con su puño y letra escribió los 29 nombres de los primeros que se le integraron. Así les hizo justicia y los incorporó a la historia. Qué habría pasado si no lo hubiera hecho. Si consideramos el oportunismo y la figuración, tal vez en lugar de 30, con él, se disputarían el mérito varios centenares.

Escribir la historia, auténtica y verdadera, es someterla a prueba. Es frecuente que las derrotas sean huérfanas y las victorias tengan muchos padres. Es difícil evitar que aparezcan protagonistas gratuitos o que exageren su participación.

La Asamblea Nacional ha publicado una nueva edición de la obra del comandante Carlos Núñez Téllez, titulada “Un pueblo en armas”. Se trata del testimonio personal de un hombre de extracción humilde. Es una tercera edición, con fotografías mejoradas. Encontramos episodios llenos de heroísmo, dolor y sacrificio. Nombres de compañeros y compañeras que cayeron en combate.

Es el mejor homenaje que se le puede rendir al comandante Núñez en el XXIII aniversario de su fallecimiento. Contribuye a mantener vivo el ejemplo de aquel niño que vendía dulces y pan en las calles de León. El joven estudioso, aprendiz de tipógrafo, serio y disciplinado, iniciándose en las tareas subversivas.

Después convertido en el Comandante Roque, uno de los dirigentes revolucionarios que determinaron el triunfo del 19 de julio. Luego a cargo de la organización partidaria, en el Consejo de Estado y la Asamblea Nacional, donde fue decisivo para la redacción y aprobación de nuestra actual Constitución Política.

Incluye esta obra, en forma escrita y gráfica, la ruta histórica del repliegue táctico de Managua a Masaya. Hubo un proceso de comprobación y verificación, estableciendo el recorrido con los puntos de referencia de entonces y los de ahora, a fin de facilitar la ubicación y el entendimiento. Se aclara la ruta tomada por el comandante Núñez, desde Piedra Quemada, atravesando el Parque Nacional Volcán Masaya, bordeando la laguna, hasta llegar a Masaya por el bajadero de Cailagua.

La Asamblea Nacional realizó una investigación sobre los caídos y caídas en el repliegue. Se logró comprobar 64 nombres, 53 de hombres y 11 de mujeres, la mayoría jóvenes y hasta menores de edad. Figuran en el libro las biografías y muchas fotos.

La mayoría pereció en el bombardeo de la aviación somocista en Piedra Quemada, entre el kilómetro 21 y 22½ de la carretera de Managua a Masaya, el 28 de junio de 1979. Miles de vehículos pasan por ese lugar todos los días. Nada señala ni recuerda la acción genocida que causó tanta muerte. Muchos de estos restos nunca fueron encontrados. La investigación revela historias dramáticas. Por eso, esta parte de la publicación se titula “Escrito en Piedra Quemada”, “Para que no se olvide”.

Leamos esta obra, no con una actitud meramente intelectual. No para memorizar hechos y nombres que luego repitamos haciendo alarde de nuestro conocimiento revolucionario. Leamos este libro para entender que la militancia sandinista es un compromiso de servicio diario, en especial a nuestro pueblo humilde y pobre y no en busca de privilegios o prebendas.

 

* Periodista /historiador.