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La escuela es un espacio dinámico de liderazgos por cuanto sus principales autores actúan como tales en el proceso de gestión de los aprendizajes de los estudiantes.

Padres de familia, director (a), maestros, estudiantes. Desde sus distintas formas de participación y acción en la escuela manifiestan su rol específico en el que activan expresiones de liderazgo.

Los padres de familia aman a sus hijos, cuidan de su desarrollo y los defienden en toda situación de cualquier amenaza. Esta permanente actitud se proyecta en su educación. Los padres de familia defienden la educación de sus hijos, exigen la calidad de sus aprendizajes con el conjunto de factores necesarios para ello, exigen el trato humano y pedagógico propicio en su proceso educativo eficiente y pertinente. Esto hace que los Padres de Familia se involucren en el ser y quehacer de la escuela, tomen parte en sus necesidades y decisiones y sobre todo son parte intrínseca del funcionamiento de la escuela al estar organizados como parte de la escuela. En este sentido ejercen su autoridad e influencia cuando aparecen deficiencias en los maestros que afectan negativamente el derecho a educarse que cargan sus hijos. Esta forma de autoridad e influencia llega a la dirección de la escuela pues a la par del apoyo que los padres de familia dan a la escuela, ellos presentan determinadas exigencias a favor del funcionamiento de la escuela, es decir, ejercen la forma de liderazgo que les compete con visión de padres responsables de la educación de sus hijos.

A nivel institucional existe el liderazgo propio de la dirección de la escuela a cuyo titular, director o directora, corresponde ejercer la dirección, influir, orientar a su equipo de maestros, maestras y personal administrativo hacia un mismo fin, motivándoles, comprometiéndoles hacia la acción y ayudándoles a mejorar su desempeño en el proceso de enseñanza aprendizaje de los estudiantes, todo ello en un clima democrático, de participación y de verdadero equipo.

El liderazgo del maestro consiste fundamentalmente en una actitud, comportamiento de vida y de trabajo que afecta directamente el aprendizaje de sus estudiantes. En los maestros liderazgo y trabajo, trabajo y liderazgo van juntos en cuanto ejercen el liderazgo quizás más penetrante e influyente en su vida, es decir el liderazgo de servicio de calidad a los demás.

Los padres de familia confían en el maestro y maestra, esperan mucho de ellos. Los propios estudiantes los animan e incluso les exigen ejercer cierto liderazgo. El gran aliciente y la base del liderazgo docente está en ayudar a los demás a crecer, a incentivar en los estudiantes un liderazgo incipiente, proyectado más allá de ellos. El líder maestro aporta energía, motivación, confianza en un clima de equipo con sus colegas y estudiantes.

En una escuela en la que campea un clima psicosocial sano y atractivo con altos niveles de comunicación, motivación y autoestima, aflora fácilmente el liderazgo del estudiante aportando sus fuerzas, sus ideas, sus iniciativas, sus aspiraciones, su interés y su colaboración en la vida y funcionamiento del centro educativo. Los estudiantes inyectan juventud, lozanía, esperanza y visión de futuro a la escuela, son parte insustituible y activa de ella.

Estas cuatro formas de liderazgo se encuentran quizás diseminadas, pero vivas en la escuela. Cada una de ellas con elementos, actitudes, visiones, fuerzas e influencias particulares, pero que todas ellas abonan al bienestar y calidad de la escuela conformando lo que es una verdadera comunidad de aprendizaje, donde todas esas formas de liderazgo constituyen factores que confluyen e influyen positivamente en los aprendizajes y valores que genera el quehacer global de la escuela.

En nuestro trabajo en la dinámica del proyecto educativo que comparte el Ideuca en 40 escuelas con la delegación del Mined de Matagalpa, hemos ayudado a hacer de las escuelas comunidades de aprendizajes, constatando que cuando padres de familia, dirección, maestros y estudiantes integran una verdadera unidad en función del quehacer pedagógico de la escuela, mejoran las relaciones humanas, la motivación, la eficiencia y la calidad tanto de la gestión de la escuela como de los aprendizajes de los maestros y estudiantes. Se trata de la expresión viva de una comunidad de aprendizaje participativa, democrática en la que todos son parte indispensable y activa de la escuela.

De esta forma se va construyendo el nuevo carácter y sentido que evidencian las escuelas cuando en ellas se desarrolla un liderazgo educativo compartido tal como lo exige la naturaleza, fines y procesos de la educación.

 

* Ph.D. IDEUCA.