elnuevodiario.com.ni
  •   Madrid, España  |
  •  |
  •  |
  • Editorial EL PAÍS

Tanto la derecha como los socialistas llevan décadas tratando de orillar en Francia el combate contra las ideas y los proyectos del Frente Nacional, el partido encabezado ahora por Marine Le Pen, que un sondeo sitúa a la cabeza de las preferencias de los franceses de cara a las elecciones europeas de 2014.

No es la primera vez que las encuestas auguran éxitos del Frente Nacional que después no lo son tanto en las urnas, pero es evidente su integración creciente en la sociedad como un partido que pretende instalarse en la política francesa.

El Frente Nacional representa la expresión del populismo en su país, de la extrema derecha, en definitiva, por más que la líder del partido recuse a quien la describe en esos términos, porque estropean la renovación estética emprendida para quitarle a la fuerza que encarna el aspecto agresivo de tiempos pasados.

Hoy propone la salida del euro, el restablecimiento de fronteras y, por descontado, la aplicación de mano dura contra la inmigración. Un programa digno de acelerar el desorden económico, si algún día estuviera en disposición de ser ejecutado por un Gobierno; pero que a los oídos de un número creciente de franceses parece sonar como protectora línea Maginot contra la crisis económica y los peligros atribuidos a la inmigración musulmana y a otras minorías.

La actual campaña del ministro socialista del Interior, Manuel Valls, contra los rumanos de etnia gitana, pretende salir al paso de tales propósitos con soluciones francamente parecidas a las intentadas antes por la derecha.

El momento es propicio al Frente Nacional por la debilidad de la izquierda, que ejecuta desde el poder un programa de recorte presupuestario, no acomete reformas políticas prometidas por François Hollande –entre ellas el reconocimiento del derecho de voto a los inmigrantes con residencia en Francia– y ve reducirse el peso de su país en la UE respecto al de Alemania. Tampoco es fuerte la UMP, desgarrada internamente tras la derrota electoral de Nicolas Sarkozy en 2012.

Sin necesidad de progresar demasiado en número de votos, al Frente Nacional le basta un empujón para consolidarse y provocar el efecto contagio entre los populismos de otros países. Un fenómeno inquietante, porque podría llevar a numerosos antieuropeos al Parlamento Europeo en pocos meses.

 

© EDICIONES EL PAIS, SL. Todos los derechos reservados.