Jorge Eduardo Arellano
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La historia nos desconecta: saber de Napoleón, de la crueldad de Hitler (malos, pero perecederos), de Leonardo da Vinci a quien nos imaginamos viviendo, diseñando y pintando a su Mona Lisa… Estamos en el presente sin saber lo que sucederá en un futuro de 400, 300, 200 ó 100 años adelante, como los transcurridos a partir de que Cervantes escribió Don Quijote de la Mancha.

Quizá por ahí ya se curen las enfermedades que hoy en día abaten a la humanidad. Aquellas que aún no se curan porque la medicina está basada en los conocimientos de Hipócrates o por no ridiculizar las convicciones de los importantes y sabios personajes de aquellas épocas que hoy en día no encajan, aunque se encargasen de los mismos enfermos que Jesús sanó; los mismos ciegos a quienes hizo ver, que no pecaban como pecan los nuevos fariseos con sus síndromes e ignorantes intereses.

Hoy en día los adelantos tecnológicos reemplazan a los desechos sólidos o los motores vetustos que mantienen la esperanza de los petroleros, y todo lo que conserva intacto la esencia o el alma, la sangre, la piel, los huesos, y que prolongue la vida, es mejor que cualquier cosa y viene a salvar al mundo.

Muchas veces el instinto de la Muerte (Tanatos) ataca a la persona misma, como al suicida, o se manifiesta en contra de otro, tal un sicópata, un vampiro o quien también sostiene que el hombre dura ciertos años como si la vida es esclava de las Matemáticas; ya que podemos estar seguros de vivir más que Matusalén, famoso por vivir 800 años, pero no igual a Jesús, Hijo de Dios e inmortal.

Sentimos que algunos avances son para nosotros, pero los avaros con sus deficiencias y defectos se apropian para su provecho en una egoísta burbuja de error económico en contra del verdadero objetivo, como los intereses de Carlos Slim, que fabrica carcasas para los desechos de celulares Nokia, Motorola, etc., a pesar de que su responsabilidad es solo vender recargas con sus ruidosas plantas en lotes mal habidos; todo quizá debido a la ignorancia y ambición de los empleados de las empresas.

La labor en favor de la salud que provee el médico, al igual que lo hacía Freud o lo hace el Dr. Granera, es meritoria, pero los recursos se orientan a obtener el poder y no para acabar con la enfermedad. Y es cosa de ya lo que sucede en este día, que es peor si alguien se halla en una situación extrema.

Me refiero a nosotros, no a los que ya no existen ni lo que existirá. Me refiero a los niños y ancianos que integran a la humanidad. Porque la felicidad es la salud física y mental de la humanidad. Nadie tiene por qué vivir en una suerte infernal de corrupción, plagada de prostitución, ambición, crimen, etc.

Solo quienes no esperan la muerte, quienes no esperan un mal o un atentado del otro, o la enfermedad, o el envenenamiento como en Siria, no serán defraudados.

* Maestro.

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