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“Es más difícil conseguir leche; la droga se consigue como agua helada”, afirmó en una reunión uno de los promotores del Centro de Prevención de la Violencia, y los demás promotores y promotoras en 38 comunidades de Managua lo confirmaron, manifestando también su honda preocupación por la amplia circulación entre adolescentes del “Caballito”, aguardiente de bajo precio al que se agrega “Joyita”, la reciente oferta de las licoreras aún más barata, cuyos expendios muchas veces están cerca de las escuelas.

Junto con la oferta de droga, que se distribuye en motos, utilizando niños y niñas para su traslado, que se oferta incluso en pulperías, y que se ha convertido en un comercio “normal” en las comunidades atendidas, crece cada día el tráfico de armas cortas, especialmente de pistolas.

Las balaceras son por ello un fenómeno frecuente en las comunidades y si bien se actúa intensamente para cambiar las creencias y mentalidades que promueven la violencia, para apoyar la desarticulación de pandillas y fomentar procesos de reconciliación entre grupos de jóvenes, las amenazas van creciendo y se vuelve urgente evitar un posible incremento de heridos y homicidios, especialmente en el período de fiestas de fin de año, que cada año dispara la tasa de delitos.

Hay casos de adolescentes que poseen varias armas de fuego, y si acaso les son requisadas por la policía, comentan que será fácil conseguirlas otra vez. Vemos con preocupación que los conflictos entre grupos de jóvenes que hace algunos años peleaban con piedras o machetes, ahora son enfrentamientos armados que dejan con frecuencia un saldo de heridos o muertos.

¿Qué puede hacerse? Se debería fomentar alianzas comunitarias de los diversos sectores y los distintos liderazgos, para elaborar estrategias que den respuesta a los problemas específicos de cada barrio, pero que tienden también a repetirse: bandas organizadas para asaltos y robos, pandillas juveniles que se enfrentan cotidianamente, violencia intrafamiliar y especialmente violencia sexual contra la niñez, trata de personas.

Solo con una población unida y organizada se puede avanzar contra estas amenazas que ponen en riesgo a diario la vida y la tranquilidad de los pobladores. En algunas comunidades se han realizado con éxito marchas contra las drogas que suman a la policía, las ONG que intervenimos en la zona, iglesias, escuelas, liderazgos locales, y el impacto ha sido muy positivo.

También se han hecho alianzas para multiplicar las capacitaciones en los temas que más demanda tienen como las formas de educar a los niños sin violencia, cómo fomentar la autoestima en los procesos de crianza, formar masculinidades distanciadas de la violencia, cómo resolver conflictos de pareja, entre otros.

Mediante una constante labor de prevención, miles de jóvenes han abandonado las drogas y la violencia, pero observamos que surge una nueva generación de adolescentes, a veces casi niños, que poseen armas y quieren superar a la vieja generación, involucrándose también en bandas organizadas que suelen ser controladas por adultos.

Si bien Nicaragua ha tenido hasta la fecha una tasa mucho menor de homicidios que en el resto de la región, el tráfico de drogas y armas puede transformar en pocos años esta ventajosa realidad si no actuamos ahora decididamente. No habrá ninguna manera de hacerlo si no se unen fuerzas, experiencias y voluntades, y si no se antepone la búsqueda de una mayor seguridad para todos a la visión fraccionaria y a la mezquindad.

*Directora, Centro de Prevención de la Violencia, CEPREV