Jorge Eduardo Arellano
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¿A doce córdobas la libra de papas? ¡Ideay, con lo que a mí me gustaban! Hizo bien la Eloísa Ibarra cuando varias semanas atrás acudió a hacer la compra con una señora en el Israel Lewites y pulsar la parte más llana de la realidad que está sucediendo en Nicaragua, lejos del ámbito de juegos y corruptelas políticas que cambian de color y de despachos, pero que no dejan de ser una constante en el país desde hace décadas. Lejos de eso, muy lejos, Nicaragua se queda en la mediana del asfalto donde no dejan de hacer equilibrio con la muerte los niños que limpian o cantan o sólo sonríen por un peso. Lejos, muy lejos, Nicaragua se queda en ese lugar al que nos solemos referir con la poética pero horrible expresión de “montaña adentro” (horrible porque quién se va a querer acercar a algún lugar con esas señas. Montaña adentro sugiere un lugar de brumas donde perderse, donde casi no llega nadie). Y realmente, si bien es cierto que a muchas comunidades del Norte, del interior y de la Costa no llegan los caminos ni las trochas, ni las motocicletas ni las bestias, al menos llegan los pies, horas de pies con botas o descalzos, pero Nicaragua está ahí, su mero corazón. Montaña adentro no es tan lejos. Deberíamos dejar de decir montaña adentro.

Es una lástima, pero se podría concluir que desde la primera Campaña de Alfabetización no se ha vuelto a generar un encuentro semejante de los mundos que habitan Nicaragua, fuera ya de cualquier interés político. La Nicaragua redescubierta de muchos jóvenes de entonces no ha vuelto a ser visitada ni por la mayoría de ellos ni de nosotros que nos movemos entre Managua y algunas lejanías, pero siempre con viaje de vuelta. ¿Quién queda ahí para contarnos el mundo de la montaña adentro? ¿Quién está ahí para sorber a Nicaragua y decirnos cómo se sobrevive, a pesar de que desde el presente mes de octubre se haya incrementado en un 18% el salario mínimo, según la ley, también en montaña adentro?
La Ley de Salario Mínimo regula esa cantidad y cito literalmente: “para asegurar al trabajador y su familia un mínimo de bienestar compatible con la dignidad humana”. Asímismo, expresa que “el salario mínimo es la retribución ordinaria que satisfaga las necesidades mínimas de orden material, moral y cultural del trabajador y que esté en relación con el costo de subsistencia y las condiciones y necesidades en las diversas regiones del país.” Un mundo feliz si esto se cumpliera, aun cuando mi única duda es cómo se pueden cubrir las necesidades morales de una persona --quién sabe--. En cualquier caso, para establecer el salario mínimo, existe desde los años ochenta, entre otras, la referencia de la Canasta Básica.

Una amiga me escribía hace poco preguntando sobre esa cosa de la Canasta Básica. Yo le contesté que andaba en eso, tratando de entenderlo. Pero aquí la cosa se complica. La canasta básica por unidad familiar está compuesta por 53 productos divididos en tres grupos: alimentos, bienes y uso del hogar, y vestuarios y calzado, siendo la parte de los alimentos la que supuestamente corresponde a las necesidades nutricionales mínimas (recalcamos mínimas). Se utiliza por ejemplo para servir de referente a la hora de realizar subidas salariales. Entonces, cómo es posible que hace exactamente un año la canasta básica que costaba 7,216 córdobas, y ahora esté en 8,616 córdobas (438 dólares), siga sirviendo de referencia para establecer los salarios mínimos.

Sí, esos salarios subieron un 18% según la ley, aunque los salarios reales en muchos casos sean fuera de la ley. Pero ateniéndonos a ella, digamos que si el salario mínimo para un trabajador urbano era de 1,900 córdobas (unos 97 dólares) y ahora es 2,244. (114 dólares), estamos hablando de una subida de 344 córdobas, mientras que la subida de la canasta básica, como antes señalábamos, ha sido la escalofriante cifra de 1,400 córdobas. Es decir, sólo el monto en que se ha incrementado la canasta básica, no su total, es de cerca del 60% del salario mínimo. En el campo (montaña adentro) la situación es todavía peor: el salario mínimo en el sector agropecuario será de 1,392.15 córdobas (71 dólares).

De qué sirve pues tener la canasta básica como referencia, si al final quedamos tan lejos de ella que es un dolor como ir al mercado y que te cueste 12 córdobas una libra de papas. Se han levantado ya voces de alarma sobre el problema de la desnutrición montaña adentro e incluso en los barrios de la capital, pero entre el dilema democracia-autoritarismo y el enorme gasto de tiempo, dinero y mentiras que se invierten en la campaña electoral municipal, esa Nicaragua que queda lejos de la Canasta Básica, la gran parte de ella, es como si viviera montaña adentro de los medios de comunicación y de la esfera política que se pelea con sus viejos fantasmas.

“Bueno hombre, la canasta y el salario no tienen nada que ver con las elecciones municipales” --pueden decirme--. Sí, es cierto, pero en esa refriega de poder se derrite un país y se gasta con descaro lo que no tiene, en lugar de dar prioridad a que se cumpla una ley pretenciosa que sueña con asegurar las condiciones materiales para “un mínimo de bienestar compatible con la dignidad humana”.


franciscosancho@hotmail.com