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La reciente Marcha por la Vida, en su tercera edición, ha sido un éxito en todo sentido, como ya lo ha dicho la directora ejecutiva de la Fundación Ortiz Gurdián, distinguida señora Ana Margarita Ortiz; y, aunque siempre para fines altruistas y benéficos, es necesario lo económico, lo que sí es verdaderamente importante es la promoción preventiva de aprovechar a tiempo los servicios médicos y científicos con los que, mediante la ayuda de Dios, se salvan muchas vidas.
Son dignos de reconocimiento los encomiables avances que en su benéfica labor, desde hace diez años, ha hecho la prestigiada Fundación Ortiz Gurdián, asistiendo con positiva eficiencia a más de veintiséis mil mujeres, las que el 75% ha llegado en la etapa inicial de la enfermedad, y que ahora la mayoría sirve de apoyo; algunas con solo su testimonio para evitar a tiempo dicho cáncer fatídico, que en el mundo ha tenido un alto porcentaje de mortalidad femenina.

En mi adolescencia, por tan dañina enfermedad y después de haber sido sometida a operación quirúrgica, tuve la irreparable pérdida de mi madrecita querida, cuatro meses antes de que cumpliese treinta y tres años. Es cierto que por su vida ejemplar y su inolvidable y juvenil alegría, que tengo siempre en mi memoria, me hace imaginármela así en el cielo y me ha servido de consuelo; pero de dicho mal, aunque Dios lo permita, hay que cuidarse a tiempo y pedir su misericordia.

Dios, por su infinita bondad, siendo fuente absoluta de sabiduría y creador de todo lo que existe, con los específicos dones que ha querido dar de manera especial al ser humano, también ha querido propiciar a los que se dedican a determinados estudios, sobre materias distintas, los avances científicos que se han alcanzado al presente, que solo deberían utilizarse para, de diferentes maneras, mejorar la existencia de todos; y así, haciendo el bien, vivir como Dios quiere.

Por eso es encomiable y digna de emulación la actitud de la Fundación Ortiz Gurdián, que desde hace ya una década ha emprendido la permanente y necesaria campaña para que, efectuándose a tiempo los debidos exámenes y lo indispensable que haya que hacer, salvar la vida de muchas féminas, restando así gran parte del elevado porcentaje de preciosas víctimas que a menudo caen atrapadas por dicha maligna enfermedad.

Por tal razón, ya que no pude asistir a la marcha como hubiera querido, siendo que de adolescente tuve tan gran pérdida, ahora que por mi juvenil longevidad no pude asistir, me permito por este medio contribuir a la motivación de la susodicha Marcha por la Vida, y con sinceridad felicito a los promotores y asistentes, considerándola una prestigiosa y motivadora marcha, esperando que con la ayuda de Dios sirva para motivar de manera especial a las jóvenes que son nuestro futuro.

 

* Miembro de Ciudad de Dios y Redemptor Hominis

Migdonioblandon@msn.com