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En la página de Opinión de El Nuevo Diario (12-10-13), en un artículo titulado “La identidad sexual de Rigoberto López Pérez”, con la autoría del Dr. Jorge Eduardo Arellano, se expresan algunos criterios en torno a la acción del 21 de septiembre de 1956 y su principal protagonista, Rigoberto López Pérez. Entre los aspectos que aborda están la supuesta preferencia homofílica del Héroe, para lo cual se basa en una reciente publicación del Sr. Ulises Huete (LP 21-09-13) y en un informe de octubre de 1956, del Embajador somocista de Nicaragua en El Salvador, Leonte Herdocia.

Entre abril y septiembre de 1986, nos correspondió realizar un proceso indagatorio sobre la acción, que implicó la revisión de todo lo escrito sobre el tema y entrevistas a testigos y participantes en los mencionados hechos. Esto nos permitió, un conocimiento más o menos amplio sobre los sucesos, que nos sirven de base para expresar algunos comentarios, en la forma respetuosa que nos caracteriza.

Coincidimos con otros estudiosos del tema, en que si bien, fue una acción individual, fue producto de un proceso conspirativo que involucró a exmilitares exilados y a un equipo de jóvenes antisomocistas, el grupo de apoyo que tuvo como misión: tratar de preservar la vida de Rigoberto, tras la ejecución del tirano. Pero en ninguna de las consultas y datos consistentes, aparece como parte del círculo de conspiradores, Rafael Corrales Rojas, un servil del somocismo y muy ligado a la familia del dictador. Ni tampoco localizamos alguna versión que sindique a Rigoberto como amigo íntimo de Corrales, o de preferencias homofílicas.

Tal versión no tiene ni sentido ni lógica; Corrales fue una de las tantas víctimas de los adláteres del somocismo, quienes, al mejor estilo de los perseguidores de “las brujas de Salem” no tuvieron escrúpulos en involucrar de cualquier manera a todo lo vinculado con Rigoberto, y la oposición antisomocista. El primer crimen de Corrales fue su preferencia sexual, inaceptable en los cánones machistas de la época, y su actitud zalamera con el dictador y su familia no eran bien vistas en León.

Es erróneo asumir como referencia exacta el material del Consejo de Guerra, como fuente de información, porque está totalmente demostrado que fue una farsa, basada en testimonios obtenidos a base de torturas y declaraciones de serviles a la familia gobernante. Estos últimos también se encontraban en las embajadas y crearon informes en concordancia con los objetivos de los herederos del tirano. El afán de éstos fue involucrar de cualquier modo a opositores y hasta a algunos leales que ya no les eran útiles, como fue el caso de los coroneles Lizandro Delgadillo y Francisco Gaitán.

Si bien Corrales reconoció de forma espontánea el cadáver de Rigoberto, esto pudo haberlo hecho cualquier otra persona a solicitud de las autoridades, pero esto fue suficiente para que crearan la especie de que él había distraído intencionalmente a Somoza para que Rigoberto le disparara. Tampoco es cierto que Corrales lo haya introducido al local de la Casa del Obrero, había libre acceso, la entrada no estaba restringida y Somoza García, en un exceso de confianza, dio la orden de que no se registrara a los asistentes.

De esto se desprende una concatenación maligna: el vincular a Rigoberto con Corrales, una intención velada de disminuir la virilidad del héroe, del mismo valiente que tuvo la osadía de ejecutar al dictador. Además, con los sobrevivientes del equipo hubo una increíble saña y sadismo, sometidos a atroces torturas, que incluyeron hechos como la castración; como si se tratara también de arrancarles la hombría a aquellos valientes que habían tenido la osadía de desafiarlos.

¿Cuántas cosas pudieron obligar a que aceptara Corrales como cierto que sus verdugos querían que se creyese en la generalidad? Torturas tan crueles y humillantes como la violación sucesiva por parte de carceleros y reos comunes sodomitas, y otras vejaciones, que finalmente, provocaron su muerte. En mi opinión, personas como el señor Huete, deberían tener aunque sea lástima por individuos como Corrales Rojas, víctimas inocentes de ese oprobioso sistema; el mismo del cual él está en todo su derecho de admirar y defender.

En tanto, la mayoría de los nicaragüenses aceptan a Rigoberto como Héroe Nacional, por encima de la Homofilia y la homofobia, dimensiones totalmente ajenas a su actuación heroica en beneficio de la liberación de Nicaragua.

 

* Escritor e historiador. Unidad

de Servicios Básicos y Proyección Social del BCN