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La crisis financiera global (2008) descubrió muchas debilidades fundamentales del marco de regulación y supervisión microprudencial de los bancos, que impidieron que esas entidades dispusieran de suficiente capital y liquidez al momento de enfrentar las perturbaciones financieras. Como resultado, el G-20, en la Cumbre de Washington (noviembre 2008), elaboró un plan de reforma financiera global, dentro del cual varios puntos de acción se refieren al Sector Bancario debido al importante papel que jugó ese sector en la generación de la crisis.

En base a la directriz del G-20, el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea (CSBB) examinó los principales objetivos e instrumentos de las políticas microprudenciales y publicó (diciembre 2009) la propuesta de normativa conocida como Basilea III, cuyo objetivo es reforzar la gestión del capital y liquidez de los bancos. Esa propuesta y el plan de transición al nuevo régimen fueron aprobados por el G-20 en la Cumbre de Seúl, Corea del Sur (noviembre 2010).

Basilea III es el corazón del nuevo sistema de regulación microprudencial bancaria a nivel internacional, con el cual se pretende fortalecer de manera sustancial y paulatina los actuales requerimientos de capital y liquidez de los bancos, y mejorar su calidad y consistencia. Una definición de capital más exigente y la aplicación de requerimientos de capital más rigorosos, con nuevos colchones, hará que los bancos soporten mejor los efectos adversos de las perturbaciones económicas y financieras.

Basilea III elevará el mínimo del capital ordinario de nivel 1, del 2% al 4.5% de los activos ponderados por riesgo, El capital adicional de nivel 1 deberá ascender al 6%, en todo momento. El capital total mínimo sera del 10.5%, pero deberá mantenerse un colchón de conservación del capital del 2.5%, y un colchón anticíclico entre 0% y 2.5%. Tambièn se introduce un coeficiente de apalancamiento del 3% del capital de nivel 1, con el cual se espera frenar el excesivo crecimiento de los balances bancarios. El calendario de aplicación de las medidas concluirá en 2018

El CSBB evaluó todas las observaciones formuladas por bancos y otras entidades afectadas, concluyendo que las exigencias generales por riesgo de liquidez son mínimas, y permiten a las entidades de crédito soportar situaciones de tensión de liquidez a corto plazo y asegurar la estabilidad a largo plazo de sus necesidades de financiación. En conclusión, las medidas de Basilea III están conceptualmente justificadas y el acuerdo de Seúl equilibra el objetivo de aumentar la capacidad de resistencia del sector financiero con el mantenimiento de una provisión estable de crédito a la economía.

Los mecanismos de control y supervisión como Basilea III, cualquiera que sea el país donde se apliquen, siempre enfrentarán la oposición de algunos sectores empresariales que trasnochadamente continúan predicando las tesis neoliberales, en particular la de una total desregulación financiera, que se ajusta muy bien a sus intereses. Sin embargo, en términos de una mejor protección a los depositantes, la crisis financiera (2008) demostró que aquellos mecanismos son necesarios para afianzar los marcos de gestión del riesgo de liquidez de las entidades de crédito y su capacidad para soportar las perturbaciones de ese tipo.

 

* Economista, MBA.