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Sin ánimos de crear polémicas y a insistencia de muchos amigos del grupo intelectuales de Matagalpa y ciudadanos en general, que muy a menudo me preguntan por qué el General Humberto Ortega en su libro “La epopeya de la insurrección” no menciona ninguna referencia del libro que escribí hace treinta y cuatro años, titulado “Yo deserté de la Guardia Nacional de Nicaragua”, ni de manifestar ninguna mención hacia mi persona; debo decir que habría que preguntárselo a él.

Además, hay una página en el libro donde él manifiesta en una nota lo siguiente: “Pido su comprensión a quienes por razones de espacio no menciono en el texto”. Me preguntan cuál fue mi participación con el FSLN en Costa Rica. Es incómodo para mí satisfacer la curiosidad de las personas que me han hecho las preguntas arriba mencionadas, debido a que tendré que hablar de mi persona.

El del General Ortega es un libro de referencia histórica, de consulta para conocer la lucha del FSLN; es un libro testimonial de las actividades que realizó y conoció Humberto como dirigente. Es mi opinión y de varias personas.

Yo deserté de la guardia el 26 de octubre de 1977, asilándome en la embajada de Costa Rica, dejando un escrito (que entregué personalmente al periodista Danilo Aguirre Solís) de condena a la dictadura, que fue publicado en el diario La Prensa. Escrito que levantó la moral a muchos militantes del FSLN, quienes me lo manifestaron en su momento.

Yo alcancé suelo costarricense el 1 de enero de 1978, fugándome de la embajada de Costa Rica. Humberto no hace ninguna referencia de lo que hice, que en su momento fue un duro golpe a la dictadura de Somoza a nivel nacional e internacional. Por ejemplo, una semana fui noticia en Costa Rica, dando entrevistas en todos los medios sin excepción, e incluso llegaron a entrevistarme dos diarios norteamericanos.

Estuve con el tercerismo sin compromiso de militar. Quienes me atendieron militarmente fueron los guerrilleros terceristas José Valdivia y Plutarco Hernández, y políticamente Payo Solís, actual magistrado de la Corte Suprema de Justicia, y Ernesto Castillo, quien en su momento fue Procurador de Justicia. Viví unos días en una casa de seguridad con Payo Solís, lugar también en donde se reunía el grupo de los 12.

A solicitud del padre Miguel D ‘Escoto y Ernesto Castillo, visitamos en varias ocasiones la embajada de USA con el fin que me extendieran visa y viajar para dar testimonios en el Comité del Senado sobre las violaciones a los derechos humanos en Nicaragua.

A solicitud de Ernesto Castillo, miembro del grupo de los 12, y del guerrillero José Valdivia, grabé en casetes mensajes dirigidos a los soldados y oficiales de la Guardia Nacional, en casa de seguridad en donde vivía el padre Ernesto Cardenal. Ernesto Castillo coordinó para que pasaran retirando por Matagalpa mi pequeña biblioteca militar. José Valdivia me solicitó que le pasara un F.O.D.A. (por decirlo así) de los cuarteles que yo conocía, etc.

Fui deportado a Panamá junto a 60 jóvenes que estaba entrenando militarmente y se encontraban bajo mi mando. El comandante Edén Pastora llegó a la isla de Coíba a solicitarnos que nos integráramos a la tendencia tercerista del FSLN. Di testimonio ante un Comité Mundial de Derechos Humanos en Costa Rica, sobre los asesinatos que cometía la guardia en la montaña por órdenes expresas de Somoza.

Todas estas actividades las realicé en 1978, año en que, según su libro, Humberto pasó planificando, coordinando y dirigiendo la insurrección, en el puesto de mando “Palo Alto”, en Costa Rica. No entro en muchos detalles, ya que estoy trabajando en tres capítulos donde doy a conocer las actividades que desarrollé el año y medio de mi refugio político en Costa Rica, los que agregaré a la segunda edición de mi libro “Yo Deserté de la Guardia Nacional de Nicaragua”.

Habrá un capítulo titulado: “Tomás Borge orienta crear un grupo armado paralelo a las tres tendencias, de nombre “El Sandinismo Auténtico”. En una ocasión me dijo el comandante Tomás Borge que en los años ochenta los dirigentes de las tres tendencias en varias ocasiones hablaron de que se escribiera la historia del FSLN. Jamás se pusieron de acuerdo. Cada quien jalaba agua para su molino; unos más que otros.

 

* Exteniente G.N.

Jar052@hotmail.com