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Las actitudes y posiciones feudatarias de ciertos dirigentes del Colegio de Periodistas de Nicaragua (CPN) en algunos departamentos del país, y la formación de clanes autoritarios, no han permitido que nuestra organización se desarrolle democráticamente, ante las imposiciones erradas de algunos colegas que se apoderaron de la institución gremial, haciendo un “círculo de fuego” a su alrededor, para el proteccionismo individualista.

Se encerraron en su cascarón, siempre adujeron que dos o tres colegas representaban una muralla para la organización, en forma malintencionada, porque fueron ellos, “dirigentes”, los que no permitieron el avance de la institución, con su prepotencia y falta de argumentos sólidos y ordenados, como medio de autodefensa, convirtiéndose en los incuestionables, autodenominados “paladines” de la ética y de la verdad.

Pisotearon la ética, y no estoy generalizando; sucedió con ciertos agrupados, apareciendo ellos como ofendidos, demostrando su objetivo: utilizar al CPN para situarse en sus pedestales, endiosándose en sus cargos, de los que se valieron para escalar peldaños personales, familiares, de parentesco, para ubicarse oportunistamente por encima de los demás colegas.

Se aprovecharon de situaciones, de circunstancias, de reuniones para “sacar pecho” ante las autoridades de gobierno, los tomadores de decisiones, presentándose con el mote de “dirigentes”, incluso ante algunos dirigentes políticos.

Aunque no pretendo dar a esto un cariz político, no puedo obviar, ni omitir, que algunos de esos aprovechados de hoy, hasta despotricaron contra el Comandante Daniel Ortega Saavedra, contra Rosario Murillo, en contra del partido y hasta del gobierno, hablaron barbaridades; lo que recuerda mucha gente que los escuchó y que los conoce muy bien, son los mismos que ahora están “camaleonando”.

Mientras que otros compañeros en otros departamentos cerraron filas por la defensa del gremio, se pronunciaron sin temores ante el incumplimiento de las autoridades de la Lotería Nacional, de no entregar la ganancia correspondiente de varios sorteos conforme la ley, argumentando pérdidas; ellos se apartaron al ruido de los caites.

Otros hemos sido los que hemos continuado unidos alrededor de nuestras reivindicaciones sociales y gremiales, en torno a los beneficios especiales, como la obtención de terrenos para la construcción de viviendas para los hombres y mujeres de prensa que no poseen casa propia.

No ha sido una unidad de convivios únicamente, para sacar pecho y darse ínfulas, es unidad verdadera; lo que no hacen ni hicieron ellos para consolidar al gremio, más bien ahuyentaron a otros colegas profesionales, a los nuevos y más jóvenes, que manifiestan que se asociarán hasta que haya cambios estructurales.

No pretendo echarle flores a José Leonel Laguna Caballero, presidente de nuestro CPN, a quien han querido desprestigiar y descalificar, pero él ha sido factor de unidad; sin importarle las zancadillas, ha mantenido la cohesión gremial, muy a pesar de los oportunistas. No ha caído en actitudes contestatarias y ha dedicado tiempo e interés al CPN, no en beneficio personal, como otros que se arrimaron al árbol para que les diera sombra.

Son “los hijos pródigos” partidistas, acomodados, los que regresaron triunfantes al redil, en nombre de la tolerancia; ahora saludan con sombrero ajeno y al CPN lo miran como tabla de salvación para sus desvaríos.

 

* Periodista