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La época de oro del cine nicaragüense inicia con el apoyo de la Revolución Popular Sandinista en 1979. En septiembre de ese mismo año fue fundado el Instituto Nicaragüense de Cine (Incine) y la Cinemateca Nacional, ambos conformados por un equipo cinematográfico dedicado a la defensa y promoción de valores nacionales.

Respecto al establecimiento original de Incine, Karly Gaitán, investigadora de historia del cine en Nicaragua, relata que se ubicaba en residencial Villa Fontana, cuya casa ahora es una tienda de Hello Kitty. Fue confiscada por el gobierno sandinista y entregada a Incine. El propietario anterior de este domicilio, el mexicano Felipe Hernández, era uno de los propietarios de Producine S.A., empresa cinematográfica que le realizó a Anastasio Somoza Debayle los noticieros gubernamentales y otros trabajos cinematográficos.

Incine y la Cinemateca son proyectos gestados y desarrollados bajo dos líneas: medios de expresión artísticos e instrumentos políticos. En esta época se elaboraron documentales sobre la insurrección popular, el proceso de alfabetización, los pueblos de la Costa Caribe, la reforma agraria y otros eventos de trascendencia.

La intensificación de los ataques del gobierno de EE.UU. contra Nicaragua, provocaron la aprobación de una serie de reformas económicas (1985) que afectaron a instituciones culturales como el cine, por no considerarse un servicio de primera necesidad para un país sumido en la guerra.

El gobierno sandinista dependía grandemente del apoyo de la Unión Soviética. A raíz de la “perestroika” y con el fin de la “guerra fría”, Nicaragua dejó de tener tanto valor geopolítico. El Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) se vio obligado a iniciar una política económica de estabilización y ajuste, similar a la impulsada por otros países latinoamericanos en la década ochenta.

Inevitablemente, estas medidas tuvieron efecto en el cine nacional, que vio más limitada su labor, no solo en el país, sino en el exterior, porque dejó de contar con el apoyo de sus máximos financiadores: Cuba, República Democrática Alemana y la URSS. “Esto significó el fin de la donación de maquinaria para Incine; se acabaron los gastos pagados al extranjero, no se siguieron financiando las capacitaciones y talleres cinematográficos, no continuó la educación cinematográfica y se acabó el financiamiento económico del Estado… Incine no podía sobrevivir, el Estado lo dejó sin apoyo”, expresó Fernando Somarriba, cineasta nicaragüense.

A pesar de esta crisis, se logró hacer algo de cine independiente y obtener premios internacionales, tanto para el género documental como para la ficción, entre los que se destacan: “Los hijos del río”, de Fernando Somarriba (1987); “El espectro de la guerra”, de Ramiro Lacayo (1989); “Betún y sangre”, de Frank Pineda (1990), entre otros.

También, es importante mencionar las producciones que contaron con dirección y coproducción extranjera, como “Walker”, del británico Alex Cox (1987); “Alsino y el cóndor” (1982) y “Sandino” (1990) del cineasta chileno Miguel Littin, entre las más destacadas.

El 7 de marzo 1988 se constituyó la Asociación Nicaragüense de Cinematografía (ANCI), conformada por cineastas nacionales, que por más de 25 años ha fomentado y apoyado el desarrollo del séptimo arte en el país. Con la derrota electoral del FSLN el 25 de febrero de 1990, concluyó simbólicamente el período cinematográfico más productivo del país, y de reconocimiento a nivel internacional.

 

* Licenciado en Filología y Comunicación