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La evangelización misionera cristiana, data de cuando Nuestro Señor JESUCRISTO, habiendo sufrido su cruento martirio por amor a la humanidad, queriendo redimirnos, al resucitar gloriosamente al tercer día. Después de sus frecuentes apariciones antes de ascender al cielo, su postrer mandato a sus apóstoles fue que se amaran unos a otros como él los había amado, llevasen la buena nueva por el mundo y predicaran el evangelio a todas sus creaturas.

Dicho mandato ha sido la doctrina de su Iglesia, instituida por Él mismo en su última cena, la noche antes de ser ignominiosamente crucificado. Esa memorable noche nominó su vicario al apóstol Pedro, y al mismo tiempo, por su amor infinito se ofreció a sus apóstoles en el misterio eucarístico del pan y el vino, y recordando a Judas su quehacer, les consagró para que oficiaran el sacrosanto misterio y compartieran con quien, contrito, con fe y humildad, quisiere recibirle, y en el Sagrario esperar al que llegue a visitarle.

Su Santidad Juan Pablo II, según lo anunciado por el actual Vicario, el papa Francisco, muy pronto será canonizado. Dicho Pontífice, durante su fructífero ministerio de un cuarto de siglo, con inusitada actividad viajando por todo el orbe, proclamó a los creyentes que todo cristiano, debe predicar el evangelio con su testimonio y otros medios alcanzables.

Desde el comienzo de nuestra era, la Iglesia, integrándose a los apóstoles testigos de la resurrección del Señor, con excepciones, ha sido intensamente misionera y perseguida, teniendo incontable cantidad de mártires, cuya sangre ha sido el abono a su crecimiento, y aunque no es lo que debería, el mal no prevalece.

En la sede de Ciudad de Dios, este domingo veinte, iniciando su kermés ofició misa el Pbro. Rafael Martín. En su homilía impresionó su testimonio. Contó que hace treinta años, recién ordenado sacerdote, fue misionero en Nueva Guinea y su originario sector Atlántico; y los compas trataron de obstaculizarle, impidiéndole acceder a transportes y posadas. Únicamente en Guinea, pudo colgar su hamaca en un gallinero.

En el Atlántico, aun hablando misquito, fue peor. Caminatas a pie, durmiendo a intemperie, comiendo nomás raíces, hojas y frutitas; pero el Santo Espíritu fortaleció su necesaria decisión para cumplir su misión, llevando la buena nueva de la salvación a todos, y consuelo a quienes, conservando su tradicional cristianismo, pudieron mantenerse firmes ante el tenaz ateísmo; y él con la ayuda de Dios pudo llevar a algunos su palabra y el auxilio eclesial.

El pontífice anterior decretó el 2Ol3 Año de la fe, y la Iglesia ha designado a octubre, mes de las misiones; también especialmente, el tercer domingo del mismo mes como Domingo Mundial de las Misiones. Y quiera Dios sea un medio de promover el mandato de Nuestro Señor Jesús, proclamado con ardor por Juan Pablo II en La Nueva Evangelización, que está incrementando el actual pontífice. De la Parroquia San Agustín ya están saliendo cuarenta voluntarios, visitando casas de cada sector estos cuatro domingos. Dios quiera que así sea siempre en todas las parroquias, y que al llevar la buena nueva se desarrolle el amor que el Señor a todos da.

 

* Miembro de Redemptor Hominis y Ciudad de Dios.

migdonioblandon@msn.com