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Nicaragua está creciendo más, de eso no hay duda alguna; las cifras macroeconómicas oficiales e independientes de los últimos cinco años respaldan esta realidad, pero este año hemos sido testigos de una baja en nuestro crecimiento comparativo respecto al año anterior, sobre todo en lo que respecta a los volúmenes exportados en los principales rubros económicos.

Esto nos lleva a la reflexión de que si bien es cierto estamos cuantitativamente creciendo más, no necesariamente estamos cualitativamente creciendo mejor. A pesar del crecimiento del 5.3% de la economía en el primer semestre y del 4.8% de crecimiento del más reciente IMAE del Banco Central, nuestra proyección de crecimiento PIB estará entorno al 4.2% al 4.5% para este 2013.

Realmente no es que la economía nicaragüense como tal se esté desacelerando económicamente, sino que está llegando al tope de su realidad estructural. Una realidad que ha descansado en los altos precios de los comodities a nivel internacional y del potencial del país para explotar esos comodities como el oro, café y el ganado, aprovechando su territorio y población. Sin embargo, gran parte de nuestra súper estructura económica aún yace en modelos arcaicos, no contemporáneos ni globalizados, que se reflejan en dos situaciones: nuestra baja competitividad y productividad.

Lamentablemente nuestro desarrollo socio-económico, que ha pasado por dictaduras de derecha e izquierda en los últimos cincuenta años, permeó durante mucho tiempo la incubación de subvalores y principios no acordes con las exigencias del nuevo mundo globalizado que se gestaba desde los setentas. Hoy estamos pagando todavía el precio. Subvalores y principios aun arraigados en nuestra estructura social y hasta empresarial, que sacrificaron la productividad y competitividad por resultados mediocres, pero beneficiosos para los escasos grupos de poder que lograron detentar privilegios y ganancias en esos períodos.

Para poder salir de este impasse debemos practicar en cada nivel de la sociedad la ley 14/13 correspondiente al número de palabras que componen los conceptos de: Competitividad y Productividad. Esto significa un cambio del software social que incluya la fusión efectiva de los valores que exige el mundo globalizado para la supervivencia y el crecimiento. Cultivar valores nuevos como el pensamiento proactivo, la innovación y el espíritu emprendedor, y a la vez potenciar los arraigados valores básicos, intrínsecos del nicaragüense, como la solidaridad y el amor al trabajo.

Esto para generar la base que permita vivir bajo la regla 14/13 de la competitividad y la productividad. Que nos permitan crecer no solo más, sino que crecer mejor. Nicaragua sigue siendo el país más pobre de la América continental, pero con el potencial de dejar ese sitio en un lustro, con las medidas correctivas y acciones gubernamentales y privadas pertinentes, considerando que el potencial humano y territorial está muy desaprovechado. Lo bueno de esto es que lo vamos a lograr, tanto en el sector privado como gubernamental, por la misma necesidad de supervivencia y pragmatismo que ejecutan ambos actores.

Mientras tanto, el reto de cada nicaragüense al levantarse día a día seguirá siendo ese: vivir bajo la regla 14/13. Crecer más y mejor, con competitividad y productividad. Priorizando el conocimiento y la innovación en el empleo productivo para generar el valor agregado que necesita la economía.

 

* Arquitecto. Gerente Comercial VSN Seguridad