Augusto Zamora R.*
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Harán mayores inversiones en el muelle “Salvador Allende”, en el lago de Managua, para convertirlo en el principal atractivo de la poco atractiva capital del país.

La noticia me llevó a septiembre de 2008, cuando terminé de elaborar un proyecto que titulé “Nicaragua, entre dos ríos, entre dos océanos”. En un recuadro resumía la idea:

“Se propone aprovechar ríos, lagos y océanos como medios de transporte, integrándolos en una densa y moderna red que, sumada a la red terrestre existente y mejorada, se constituya en una de las espinas dorsales de un proyecto estratégico de desarrollo nacional… que sirva para vertebrar regiones separadas, abrir al mundo zonas aisladas y hacer fluidas y productivas las comunicaciones entre todas las regiones del país.”

Históricamente regida por terratenientes y comerciantes, que veían el agua solo como elemento vital para humanos, animales y cultivos, Nicaragua ha sido obligada a vivir de espaldas a su inmensa riqueza hídrica.

Todas las grandes civilizaciones han nacido del agua. Egipto del Nilo, Grecia del mar, India del Ganges. Alemania es el Rin. Rusia, el Volga.

Nicaragua, bioceánica, con dos lagos milagrosos y cuarenta ríos total o parcialmente navegables, ha movido su historia sobre carretas. Una de las causas del subdesarrollo.

País privilegiado en agua, carece de barcos, astilleros, marineros. No hay transporte más barato que el acuático ni más caro que el terrestre. Pero sigue el empeño por el terrestre. Así nos va. Así nos seguirá yendo.