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Dice un refrán popular: “en guerra avisada no hay soldado muerto.” Desde 2012 se han reportado casos agresivos de dengue en países latinoamericanos -México, Panamá, Brasil- vinculados al serotipo IV y la resistencia del mosquito Aedes aegypti vinculado al calentamiento global y alteraciones climáticas que están llevando al mosquito a regiones de predominio climático frío. Se ha detectado actividad epidémica en regiones del Himalaya.

Este hecho incrementa la virulencia de serotipos a expensas de la población inmunodeficiente -diabéticos, cardiópatas, embarazadas- que favorecen su rápida mutación. En Perú, donde el índice de mortalidad es elevado, se reportó un insólito caso de trasmisión placentaria en un recién nacido.

Desde el año pasado, el Minsa lanzó una alerta exhortando a la ciudadanía a redoblar esfuerzos con la limpieza, erradicación de basura y reservorios de mosquitos. En un país tropical como Nicaragua -país latinoamericano con menos incidencia y mortalidad- su periodo de reproducción en diferentes épocas del año no ha permitido despertar conciencia en la población sobre su participación -higiene del medio- en el control de brotes violentos como el observado en Chinandega y resto del país, elevándose el número de decesos en los últimos días: 9 muertes y 22 pacientes en estado crítico -10 en Managua- de un total de 4,452 casos reportados por el director de Sinapred, Doctor Guillermo González.

Se trata de un brote de dimensión dramática -aumento en el índice de pacientes con la variedad más grave- jamás visto en Nicaragua. La muerte de un infante hace un año preconizaba la crisis actual. Reflejo de la magnitud agresiva del vector y la impotencia del sistema de salud pública ante una amenaza anunciada. ¿Qué hacer? Es urgente revisar las estrategias ante un nuevo escenario de dengue climático minimizado por la población que lo valora como una simple enfermedad viral.

Según la OMS, en los últimos cincuenta años, la incidencia del dengue -patología de la miseria- ha aumentado 30 veces con la creciente expansión geográfica a otros países y su penetración alcanza cada vez más áreas urbanas. Esto obliga a las autoridades sanitarias implementar un plan estratégico dirigido a apoyar y revertir la creciente tendencia del dengue, mejorando la preparación para detectar, caracterizar y contener rápidamente los brotes, conteniendo la propagación a nuevas áreas.

El Programa Regional del dengue (OPS) enfocado en políticas públicas orientadas a una integración sectorial e interdisciplinaria debe reformularse para lograr la eficacia en implementación del monitoreo y evaluación de los programas nacionales a través de la Estrategia de Integración para la Prevención y Control del dengue (EGI-dengue) en sus componentes esenciales: comunicación social, entomología, epidemiología, diagnóstico de laboratorio, tratamiento de casos y ambiente.

Mientras se redoblan los esfuerzos nacionales para controlar el avance incontrolable del dengue nos debería preocupar algo más. Otra de las enfermedades de la pobreza decidió cruzar el océano y ha comenzado a diseminarse -México- por el continente americano. Una cepa de vibrión cholerae procedente del sur asiático parece ser el germen causal, similar al detectado hace tres años en Haití eliminando más de 8,000 personas. Cuba y Rep. Dominicana padecieron su contaminación.

Nicaragua debe prepararse, somos un país vulnerable a los desastres agravado por las condiciones de sus habitantes más pobres que viven en condiciones sanitarias deplorables, frágiles al contagio, no solo por dengue sino de esta nueva y mortal amenaza: el Cólera.

 

* Médico cirujano