Bayardo Altamirano
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Maquiavelo usa el nacionalismo como emblema para proclamar el nacimiento de la Italia moderna. A lo largo de la historia ha sido la enseña de las más disímbolas y contrastantes posiciones ideológicas y políticas. Incontables movimientos revolucionarios nacieron y se desarrollaron como movimientos de Liberación Nacional. Pero también ha sido el credo demoniaco de las fuerzas más retrógradas, reaccionarias y violentas en muchos países.

El nacionalismo jamás ha sido una característica definitoria de las fuerzas políticas y sociales de derecha, conservadoras o reaccionarias, que han sido entreguistas en pensamiento y acción. Desde la Independencia a nuestros días, los derechistas y reaccionarios han soñado con ser apéndices de España o de Estados Unidos. Para la reacción, lo mejor de nuestra historia es el entreguismo.

El nacionalismo está enraizado en los movimientos progresistas, patrióticos y de izquierda. Desde la Independencia no hay causa que busque el progreso que no esté inspirada en alguna forma de nacionalismo. El concepto de nación es elaborado justamente en la gesta de Sandino.

La intervención yanqui, derrotada por las guerrillas sandinistas, marcó el hito más importante en la edificación de la conciencia nacionalista que urgía consolidar nuestra independencia y colocar a nuestro país en el concierto de las naciones.

La victoria fue reconfortante para las fuerzas progresistas y representó una derrota humillante para la reacción entreguista y claudicante. Sobre el entreguismo triunfó el progreso nacionalista.

La Revolución fue una fragua nacionalista en la que se forjaron y templaron los valores colectivos que siguen inspirando lo que queda de la idea de nación y de sentimiento patriótico. Lema del nacionalismo revolucionario, los extranjeros no pueden ser los administradores de nuestras riquezas nacionales.

La culminación de este proceso de elaboración teórico-ideológico se dio con la Constitución. Por vez primera, la nación deja de ser un ente abstracto, para pasar a ser identificada como el conjunto de todos, independientemente de sus diferencias individuales. Conjunto mayor que abarca un conjunto menor, el pueblo, formado por todos los ciudadanos. La nación es el ente protector de los derechos de todos, en especial, del derecho de propiedad al que da origen.

Las relaciones de propiedad, con sus sectores nacional, privado y social, son decididas por la nación y esta dicta las modalidades de su existencia de acuerdo con el interés de todos. El sector nacional es el patrimonio de la nación, o sea, el patrimonio de todos. Su objetivo es salvaguardar y encauzar los intereses comunes a todos los sectores de la sociedad y asegurar un desarrollo sostenido y armonioso del país.

La nación, representada por el Estado, se conforma de acuerdo con los principios de la soberanía nacional. El poder lo decide el pueblo y la conformación del Estado es asunto que compete solo a los nicaragüenses.

La Constitución señala con claridad los bienes que constituyen el patrimonio de la nación. El suelo y el subsuelo. La preservación del patrimonio nacional es una idea progresista. Se instituye para conservar la riqueza que pertenece a todos, para hacerla producir y coadyuvar al desarrollo económico del país. Su núcleo es el concepto de que debe ser empleada para el beneficio general y no de unos cuantos. De ninguna manera es una idea conservadora. A los neoliberales les salen diviesos cuando piensan en el interés general. La falsedad no está en el nacionalismo, sino en la derecha ignara de la historia de su propio país.

 

* Ingeniero. Docente universitario UNAN-Managua