Francisco Javier Bautista Lara
  •   Managua, Nicaragua  |
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El 20 de octubre de 1944, hace casi setenta años, un acontecimiento social, político y militar abrió una frustrada oportunidad histórica para Guatemala, que pudo encaminar al país hacia el desarrollo democrático. El dictador Ubico, después de catorce años en el poder, se vio obligado a renunciar (1/7/1944) designándose como sucesor, bajo control del gobernante, al general Federico Ponce. El agotamiento social y político bajo autoritarismo, arbitrariedad, marginación y miseria, llevó a la revolución que estableció una Junta Revolucionaria integrada por Jorge Toriello y los coroneles Francisco Arana y Jacobo Árbenz.

Una Asamblea Legislativa promulgó una nueva Constitución (marzo 1945). En diciembre de 1944 se llamó a elecciones generales resultando ganador Juan José Arévalo (1945 – 1951), el primer gobierno democrático en buscar consensos en la gestión pública y tratar de institucionalizar un modelo revolucionario. En medio de agudas contradicciones políticas y la manipulación por “temor al comunismo”, en el contexto de la Guerra Fría después de la II Guerra Mundial, fue electo presidente Jacobo Árbenz, para el segundo gobierno revolucionario (asumió el 15/3/1951).

La reforma agraria, laboral y otras, afectaron intereses de la United Fruit Company entre cuyos accionistas estaban los hermanos Dulles. John Foster Dulles, abogado de Prescott Bush, padre y abuelo de los futuros presidentes Bush, Exsecretario de Estado de Eisenhower. Su hermano Allen Dulles, jefe de la Agencia Central de Inteligencia, directivo de la compañía bananera en Guatemala. El Consejo de Seguridad Nacional determinó que Árbenz era una amenaza a la seguridad de EE.UU. (14/8/1953), pretexto para una acción secreta para derrocarlo.

Humberto Ortega (“La odisea por Nicaragua”, LEA, 2013) recuerda, refiriéndose a Nicaragua: “Reagan, utiliza el Consejo de Seguridad Nacional, CSN, -1981- para que solicite al Congreso su involucramiento en la agresión armada, y así oficializar el plan guerra encubierta que ya está en marcha”.

La CIA etiquetó a Árbenz. Según la “nómica de comunistas” de la Agencia (19/3/1954) eran 371, además de Arévalo y Árbenz, otros como: Luis Cardoza y Aragón (1901-1992, poeta, ensayista y diplomático, autor en el exilio de: “Guatemala, las líneas de su mano” -1955-.), Manuel Galich (1913-1984, dramaturgo, historiador y escritor), Augusto Monterroso (1921 – 2003, reconocido por sus relatos breves), Mario Monteforte Toledo (1911 – 2003, escritor y político); también figuraban siete nicaragüenses: Edelberto Torres, Leonel Pallais Tifer, Eduardo Selva Centeno, José Selva Corea, Samuel Calvez Amador, Enrique Chávez Zelaya, Salvador Amador.

Arturo Cruz Porras (“Crónicas de un disidente”, LEA, 2010) escribe: “el régimen revolucionario de izquierda de Jacobo Árbenz de Guatemala le presentó a Anastasio Somoza García la oportunidad de demostrar su ultrayanquismo”. El dictador y “su compinche Thomas Wheland, embajador de los Estados Unidos, tienen concentrada su atención en los preparativos para el inminente derrocamiento del presidente…”

Mientras, en Nicaragua (4/4/1954) se realizaba un fallido levantamiento que desencadenó la represión. Somoza “dará apoyo militar aéreo y logístico a las fuerzas rebeldes de Carlos Castillo Armas, las que saldrán de Honduras”. David Atlee Philips (miembro de la CIA) instaló una emisora clandestina en Nicaragua (“La voz de la liberación”, 1/5/1954); sus locutores hacían creer que transmitían desde Guatemala.

El 27 de junio de 1954, el presidente anunció su dimisión. En la radiodifusora oficial explicó las razones de la invasión promovida por EE.UU: “Nuestro único delito consiste en decretar nuestras propias leyes y aplicarlas a todos sin excepción. Nuestro delito es haber iniciado una reforma agraria que afectó los intereses de la United Fruit Company… Hemos sido condenados porque hemos dado a la población campesina tierras y derechos…”.

El escritor Antonio Móbil (1930), en “Guatemala, el lado oscuro de la historia” (2012) ilustra estos y otros lamentables acontecimientos, “la guerra de la vergüenza”.

La histórica oportunidad revolucionaria fue interrumpida por la invasión norteamericana diez años después. Las aspiraciones democráticas guatemaltecas chocaron con intereses transnacionales, propósitos expansionistas, la actitud retrógrada de empresarios, la complicidad eclesial y de la clase política conservadora, el servilismo de los vecinos.

Continuaron gobiernos militares, golpes y, ante la falta de opciones cívicas, se desencadenó (1962) el conflicto armado que desangró al país. Fue parte de la represión oficial y los “poderes ocultos”: masacres, genocidios y desapariciones, hasta firmar la “Paz” (1996)… Continuó la violencia delictiva que trunca la vida de cinco mil quinientas personas cada año, ante la fragilidad institucional, corrupción, exclusión social y desigualdad socioeconómica. La invasión hace sesenta años frustró el rumbo de desarrollo y equidad en la nación más poblada de Centroamérica, con el tercio del PIB regional.

 

Tegucigalpa, 16/10/2013

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