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La educación de los países ha logrado avanzar, en los últimos decenios, hacia la construcción de modelos de gestión propios. En su primera etapa, las instituciones educativas trasladaron el modelo taylorista propio de las empresas, caracterizado por un enfoque eficientista y productivista. Aun hoy en el país, algunas instituciones lo mantienen aún, cuando ya la educación ha gestado sus propios modelos de gestión.

Las críticas a este modelo efectivista y productivista saltan a la vista. Los centros educativos no producen objetos que se comercializan, sino que forman personas. Aplicar, por ello, los mismos principios de la empresa a la rica y compleja dinámica que requiere la institución educativa, evidencia cómo muchos de sus principios resultan insuficientes y reduccionistas tratándose de la gestión educativa.

Esta copia del modelo empresarial ha venido superándose, en buena medida, mientras la gestión educativa sigue resistiéndose a cambiar tal perspectiva reduccionista. También el modelo de gestión educativa tradicional ha evolucionado en las últimas dos décadas, hacia un modelo de gestión estratégica. Pero, aun con esta evolución hacia el modelo estratégico, los modelos tradicionales se encuentran activos en la práctica en los centros educativos de los distintos niveles educativos. Por ello, es interesante comparar algunos de los atributos de este nuevo modelo de gestión estratégica, frente a las características del modelo tradicional, para identificar los desafíos pendientes.

Conforme el país se desarrolla, sus demandas a la educación se complejizan. Continuar resistiendo a incorporar el nuevo modelo de gestión en la educación, fortalece que la educación sea parte del problema y no de la solución. La educación del país demanda una gestión educativa estratégica, la que presenta diferencias claves con los modelos tradicionales. Señalamos a continuación algunas de ellas.

La perspectiva estratégica mantiene su centralidad en lo pedagógico. Ello hace que el principal eje del quehacer del centro educativo sea el currículum, en su construcción y reconstrucción, y su capacidad de concretarlo en las aulas con la visión y aplicación de estrategias metodológicas innovadoras de enseñanza-aprendizaje-evaluación. En definitiva, su principal interés es el aprendizaje de calidad. Llama la atención que, en el país, centros educativos que proyectan su modernización, únicamente esta se focaliza en lo tecnológico, las mejoras físicas, y en el peor de los casos, en meras mejoras burocráticas o administrativas.

En otro orden, mientras los centros tradicionales priorizan y conservan las rutinas, los centros estratégicos desarrollan capacidades especiales para tratar con la complejidad que tienen los procesos educativos, gestando nuevas formas de pensar y hacer la educación.

Mientras en los centros tradicionales predomina la cultura de un trabajo aislado y fragmentado con inteligencias e iniciativas aisladas, en el centro estratégico predomina el trabajo en equipo aprovechando la interacción de las inteligencias individuales y gestando, así, una inteligencia colectiva.

Los centros tradicionales, con rutinas sumamente sólidas y resistentes al cambio, se mantienen cerrados a la innovación, mientras los centros estratégicos son inteligentes al cuestionarse permanentemente sobre la calidad de lo que hacen, aprendiendo constantemente y teniendo la innovación como un objetivo central.

Otro rasgo esencial de los centros tradicionales es que su autoridad es impersonal y fiscalizadora, mientras en los centros estratégicos la autoridad se vierte en asesoría y orientación profesionalizante, teniendo como centro la atención y respeto a la persona, su desarrollo, profesionalismo y desempeño de calidad.

El centro tradicional mantiene sus estructuras desacopladas, desconectadas, aisladas, sin vasos comunicantes, perdiendo, de esta forma, la posibilidad de enriquecerse con sinergias articuladoras y enriquecedoras. Tal desacoplamiento ocasiona profundas grietas en su clima psicosocial, sentido de pertenencia y pertinencia.

Finalmente, otro rasgo de interés es que, mientras en los centros rutinizados las intervenciones y orientaciones se centran en hacer observaciones simplificadoras, asistémicas y esquemáticas, en los centros inteligentes las intervenciones tienen un carácter sistémico y estratégico; su perspectiva de integralidad, les permite ir de lo particular a lo general, y ver en lo general también lo particular; su visión de futuro es concertada y compartida, animándoles a orientar y fortalecer su misión. A diferencia de un Plan Estratégico elaborado por expertos e informado al personal del centro, la visión estratégica auténtica concibe este Plan como un proceso construido por todos los estamentos del centro educativo.


* IDEUCA.