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Cuando Charles Lutwidge Dodgson, cuyo seudónimo literario fue Lewis Carrol, escribió “Alicia en el país de las maravillas”, no era claro para la sociedad victoriana que el libro se trataba de una crítica a los modelos y estereotipos de la sociedad de aquel tiempo. En el libro encontramos alusiones continuas, ya sea en forma de metáforas o personificaciones, a los modelos e incluso, los paradigmas de la sociedad contemporánea.

Si Lewis Carroll viviera en la costa Caribe de Nicaragua del siglo XXI, quizás su libro tendría el título de este artículo y las críticas serían de índole social y racial, enfocadas en las diferencias e inequidades entre un Pacífico distanciado y una costa Caribe diferente, pero en un mismo país.

De haber nacido en el Caribe de Nicaragua, el personaje principal de la obra sería la población de la costa Caribe, que, al igual que Alicia, tiende a tener una doble personalidad: normalmente nos damos consejos a nosotros mismos, vamos por un buen camino, sabemos qué es lo que más nos conviene, pero rara vez hacemos caso, para después terminar quejándonos.

“¡Vamos! ¡De nada sirve llorar de esta manera! ¡Te aconsejo que dejes de llorar ahora mismo!”. Alicia se daba por lo general muy buenos consejos a sí misma, aunque rara vez los seguía. En el país de las maravillas se llama costa Atlántica a lo que por geografía debería ser llamado costa Caribe; se reconoce de facto a Zelaya central, desconociendo la división política administrativa del país y ofendiendo a los pueblos originarios.

Encontramos estereotipos sociales que se ven representados a través de manifestaciones raciales y endo-racismo, que son socialmente aceptadas y pasan en el día a día de manera desapercibida o, como diría Alicia, todo pasa en la costa Caribe, como de costumbre.

Finalmente y tomando en cuenta el 26 Aniversario de la Autonomía, es necesario reflexionar y preguntarnos: ¿Realmente hemos cambiado? ¿Estamos preparados para afrontar los nuevos retos que nos plantean los diferentes proyectos? ¿Existe verdadera interculturalidad e integración entre las etnias del Caribe y del Pacífico? ¿Seguimos caminando a ciegas? ¿Hemos asumido nuestra interculturalidad?

Lamentablemente es difícil dar una respuesta a tantas interrogantes, que solo con el tiempo podrán ser contestadas. Y mientras reflexionamos sobre estos retos que solo cronos podrá responder, podemos iniciar el cambio, llamando las cosas por su nombre: No existe la costa Atlántica, es costa Caribe. No existe Zelaya Central, solo Regiones Autónomas del Caribe.

Podemos corregir estereotipos y llamar a las personas por su nombre, no por su color o su aspecto físico, aceptando las diferencias étnicas, religiosas, lingüísticas. Comencemos a hacer autonomía respetando las costumbres y tradiciones; educando, conociendo y haciendo respetar nuestros Derechos Autonómicos; estos son cambios que no necesitan de recursos económicos, más que la voluntad de cambio de nosotros mismos.

“Demandemos con hechos lo que es nuestro por Derecho”.

 

* Movimiento Jóvenes Estableciendo Nuevos Horizontes