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En fecha reciente, el general Humberto Ortega envió a este medio una nota reconociendo una omisión en su libro “Epopeya…”: la participación destacada del activista del tercerismo José Robleto, autor de “Yo deserté de la Guardia Nacional de Nicaragua”. Pero la gentileza y honestidad del general no ocultan que la omisión se explica por la existencia de un núcleo duro del Frente Sandinista, incluso a lo interno de la Dirección Nacional; separado del tercerismo, un movimiento de apoyo y contacto, un grupo periférico.

José Robleto reclamó su olvido en el libro “Epopeya”, del general Ortega. Pero, si él no se aproximó entonces al círculo de mando de los hermanos Ortega, Daniel y Humberto, en “Palo Alto”; esto explicaría que Humberto no registrara la actividad de un “tercerista” en sus archivos.

El mismo José Robleto dice que solo tuvo contacto con los terceristas José Valdivia, Plutarco Hernández y Ernesto Castillo. Vivió unos días en una casa de seguridad con Rafael Solís, lugar donde se reunía el Grupo de los Doce. También menciona al clérigo Miguel de Escoto y a Edén Pastora. Este testimonio es una prueba más de la separación del tercerismo respecto del mando estratégico en “Palo Alto”, con una función subordinada y desconectados de la asistencia diplomática y militar del Campo Socialista a los hermanos Ortega.

Aunque Edén Pastora, cabeza visible del tercerismo, servía de imagen pública y conexiones políticas con dirigentes del partido costarricense Liberación Nacional, y supuestamente mandaba sobre la tropa del Frente Sur (no sin intermediarios controlados por los Ortega), Pastora nunca formó parte del círculo inmediato de la Dirección Nacional del Frente Sandinista, primer escalón ejecutivo entorno de los hermanos Ortega.

Por su lado, Plutarco Hernández era marginado por su trotskismo, aunque se aprovechaba su red de contactos locales; después del “triunfo” no tuvo lugar en la cadena de mando del Frente, y continuó viviendo en Costa Rica. Ernesto Castillo y el clérigo de Escoto pertenecían al grupo de proyección de imagen socialcristiana de los Doce, en su mayoría reconocidos más como activistas cristianos y clérigos.

El tercerismo no representó un tercer Frente Sandinista. Ninguno de los Doce fue guerrillero sandinista. No hubo “terceros”, como tampoco existieron unos primeros y segundos en el Frente Sandinista; que, por su anarquía desde 1975-76, no tendría tendencias orgánicas sino grupos aislados. Mi hipótesis consiste en que el Frente se consolidó orgánicamente como una Dirección Nacional de “los nueve”, ya en 1979, por presiones de Fidel al considerar viable la caída de Somoza. Una prueba es que Humberto Ortega reconoce en sus memorias su contacto orgánico con Manuel Mora (hijo), del Partido Vanguardia Popular de Costa Rica; y explicaría la colaboración del Partido Socialista Nicaragüense con el Frente de “los nueve”. El Campo Socialista solo habría intervenido después de que los hermanos Ortega habían sabido aprovechar la estrategia política de “tercera vía”, surgida en correspondencia a la Udel de Pedro Joaquín Chamorro y el antiguo Frente Sandinista.

Mi segunda hipótesis es que el tercerismo, en gran parte católicos-cristeros próximos a las familias del Partido Conservador, pudo ser alumbrado en Solentiname en casa de Carlos Coronel Kautz, junto a Ernesto Cardenal y Edén Pastora en los días de Semana Santa de 1975; cuando, por simple coincidencia, fui huésped en compañía de Constantino Láscaris, de la generosa familia de Jean Kinloch y Carlos Coronel.

 

* Catedrático universitario ®