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El día sábado 2 de noviembre del corriente hubo una publicación del Dr. Jorge Eduardo Arellano titulada: “La homofilia de Rigoberto”. En la misma asegura que mi persona dio por aceptada determinada preferencia sexual del mencionado Héroe Nacional, la cual cito textualmente: “Rafael Casanova Fuertes, acepta que Rigoberto López Pérez, era homofílico, es decir proclive a su mismo sexo”. Además hace alusión a mi falta de objetividad con respecto al informe realizado en 1956 por el Embajador de Nicaragua Dr. Leonte Herdocia.

Con los respetos que nos merecen estas opiniones, hemos considerado necesario hacer las siguientes aclaraciones, tanto al Dr. Arellano como a los lectores de EL NUEVO DIARIO:

La orientación de nuestro artículo del día 22 -10-13 en END estuvo más enfilada a colocar el papel del individuo en la historia, por encima de cualquier tipo de preferencias, al margen de que nuevas corrientes de la historia y demás ciencias sociales han tornado su atención al género y las diversidades.

Me centré en desestimar como cierta la versión del Dr. Huete y a reafirmar la puesta en duda de la funcionalidad del Tribunal Militar implementado para investigar los hechos. La labor de este organismo no solo fue la de aclarar los sucesos, sino también la de implicar en base a torturas a opositores y hasta a quienes tuvieron el infortunio de estar en el lugar al momento de los hechos; para justificar asesinatos que se dieron tras el acto de ajusticiamiento.

Pero además, el aparato del somocismo en general jugó a desnaturalizar la imagen de los participantes directos, a poner en duda su hombría en una sociedad tan conservadora como la leonesa y la nicaragüense en general. Esa era la principal razón de vincular de cualquier manera a Rigoberto con Corrales, un servil del sistema y afeminado: vincular a este con la conspiración.

Me disculpan mi franqueza, pero en ninguna parte de mi artículo estoy aceptando determinada preferencia de Rigoberto. Lo cual sería aceptar en esencia lo planteado por el señor Huete y el Dr. Arellano. Por el contrario, al final del párrafo 3, aseguro: “no localizamos alguna versión que sindique a Rigoberto como amigo íntimo de Corrales, o de preferencias homofílicas”.

Por razones de espacio omitimos en esa oportunidad algunas versiones que proyectan la preferencia heterosexual de Rigoberto, trasmitidas por sus amigos y contemporáneos. Coincidiendo con Perez-Valle (END 30-10-13), agregaríamos a Tomás Olivas, José de Jesús Vílchez y sobrevivientes de la acción: Ramón Rosa Martínez y Noel Jirón Balladares. Algunas de estas transcripciones pueden ser consultadas en el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (Inhca-UCA).

Cabe destacar también que hacia la década de los cincuenta, quien “le cumplía favores de macho” a un homosexual era considerado como “vago”, “travieso” u otros términos, y esa reputación –insisto– no la localizamos en Rigoberto. No es sino hasta tiempos muy recientes, que tanto la ciencia como la generalidad, han aceptado definir como homosexual activo a quien, dentro de la pareja, actúa como macho. Por tanto, los jóvenes “traviesos” o “vagos” de la época, no cargaban necesariamente el baldón de sodomitas, ni les afectaba en lo más mínimo su relación con parejas femeninas.

Con respecto al Dr. Herdocia, es válido recordar que desde el siglo XIX hasta nuestros días han sido muy frecuentes los cambios de partido. Algunos lo hicieron (y lo hacen) por oportunidad; otros por honestidad, según su perspectiva. Si el Dr. Herdocia se desvinculó del sistema por la última razón, eso no forma parte de la discusión. Lo más adecuado en esta dirección sería valorar el contenido del informe citado, realizado cuando formaba parte del engranaje del sistema.

La crítica rigurosa de las fuentes, un requisito indispensable en toda investigación, nos obliga a ser cuidadosos. Razón por la cual habría que tener la debida cautela con un informe coincidente con las versiones oficiales, que tenían la finalidad de desnaturalizar la acción y a su principal, al ejecutor: Rigoberto.

Con esto quiero dejar finalizada esta polémica, en la que hay que denotar el lado positivo, en tanto nos permite la oportunidad de aclarar los hechos respetando la propia perspectiva de aquellos con quienes discrepamos.

 

* Escritor e historiador. Unidad de Servicios Bibliotecarios y Proyección Social, BCN.