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Mucho se ha dicho sobre la falta de memoria histórica del pueblo nicaragüense. Se nos ha achacado a nivel internacional que tenemos en algunos casos ciertos rasgos del masoquismo político, o nos pasamos de celestiales en perdonar incondicionalmente a todo aquel que nos causa daño o tenemos una grave amnesia acerca de las barbaridades y arbitrariedades de muchos gobernantes; que envueltos ahora en una sábana blanca y con bendición clerical se ungen como los delegados de Cristo en la tierra para redimir a su pueblo pobre. Pero en el fondo todos sabemos que son puras falacias y que bajo esa piel de oveja se esconde con cada uno de sus colmillos aquella bestia llena de odio y revanchismo que a través del miedo y el terror quiere imponer bajo toda costa su enfermiza y tergiversada ideología, que no es más que un degenere soberano y desmedido de las originales ideas revolucionarias de aquellos que dieron todo sin pedir nada a cambio, y ahora han sido más traicionados que el verdadero Mesías profanado en cada acto oficialista.

La historia se repite de muchas maneras, sin embargo, en nuestro propio país parece ser que sólo nos toca la parte negra de esta repetición, es decir, no se repiten historias como: la época de bonanza económica de cuando éramos un punto de referencia internacional en las relaciones comerciales, no se repite cuando el pueblo se levantaba de manera enérgica cada vez que un tirano trataba de limitarle derechos y violar su propia integridad como ser humano, no se repite la disposición de la juventud a todo sacrificio cuando estaba siendo mancillado su propio pueblo y cuando eran encabezados por un movimiento estudiantil incorruptible que hacía elecciones democráticas de sus propios dirigentes, no se repite el valor de los medios de comunicación a no ceder a chantajes de los dictadores y mantener espacios de opinión sin negociar las cabeza de sus propios colegas, no se repite una empresa privada comprometida con la gente y reclamando a todo pulmón las injusticias y el resquebrajamiento del estado de derecho sin temor a chocar con el propio gobierno, rechazando hacer alianzas económicas a espaldas de las propias leyes, no se repiten los Rectores de Universidades públicas y privadas que llenen todos los espacios de comunicación haciendo el llamado al respeto y a las normas de convivencia humana basadas en el respeto a las ideas sin permitir el ingreso a sus recintos de aquellos que han sido acusados de genocidios y persecuciones sangrientas a todos aquellos que se le opusieron, no se repiten aquellos sindicados capaces de paralizar el país en demandas de reivindicaciones sociales sin venderse a los gobiernos de turno convirtiéndose en verdugos de sus propios agremiados. Podría seguir citando muchas historias más que ya no se repiten, o que hasta ahora no se han repetido, pero por hoy lo único que estamos es amenazados a que se nos venga encima de manera dolorosa el Terrorismo de Estado que en estas tierras ya causó mucho dolor y sangre. Las condiciones están creadas y hacen todo por establecerlo de una manera violenta, aterrorizando a la mayoría de la ciudadanía que se opone cívicamente a todos los abusos que se cometen a diario en los diferentes Poderes del Estado. Pero para ilustrar y recordarle al pueblo nicaragüense el concepto de Terrorismo de Estado acá les comparto esta cita textual de la Enciclopedia Encarta: ¿Qué es el terrorismo de Estado? , es el “Uso sistemático, por parte del gobierno de un Estado, de amenazas y represalias, considerado a menudo ilegal dentro, incluso, de su propia legislación, con el fin de imponer obediencia y una colaboración activa a la población.

 Por su naturaleza es difícil de identificar, y los conceptos varían en función del carácter de las épocas históricas, zonas geográficas y características culturales. Los regímenes despóticos del pasado utilizaban con frecuencia prácticas de este tipo y que las democracias modernas condenarían sin necesidad de realizar una crítica contemporánea rigurosa. Las formas más desarrolladas de terrorismo de Estado, para las que el término fue inventado, han sido los sistemas empleados en el siglo XX bajo el fascismo y el comunismo. Asimismo, la práctica de terror desde el poder se extendió en el siglo XX bajo regímenes militares o militarizados en el seno de democracias formales.

Estos regímenes totalitarios se caracterizaban por un monopolio de los medios de comunicación, la imposición de una ideología monolítica, la exigencia no sólo de obediencia sino de participación activa en las medidas policiales del Estado, y un aparato de policía secreta y de campos de concentración para disciplinar e incluso exterminar a los adversarios y disidentes. Los líderes potenciales de la oposición eran aislados, encarcelados, exiliados o asesinados”.

Tal como podemos observar, se están dando en Nicaragua casi todas las mismas características que se daban en los regímenes totalitarios en Latinoamérica y otras latitudes, sólo falta que instalen los campos de concentración y comiencen a matar a los opositores, pues la tortura psicológica se ha convertido en una práctica habitual de este gobierno y sus esbirros de los Consejos del terror ciudadano.

 Están tratando de consolidar, igual que Somoza, un panfleto salido de la más profunda ideología del nazismo encabezado por Josef Goebels y como un claro homenaje al Diario “Novedades”, que al igual que su inspiración chorrea odio y mentiras en contra de los opositores. Es un refugio de los mal llamados periodistas que más bien son los más viles mercenarios de la información, al igual que el burdo remedo de canal de televisión que hacen hasta lo más desgraciado de un teatro por justificar la violencia sanguinaria de sus hordas irracionales para halagar a su héroe Somoza.

El aparato policial ha sido sometido a las voluntades de la pareja presidencial, me sigo preguntando con todo el respeto: ¿Qué sigue haciendo la inmaculada Aminta soportando tanto ninguneo del Presidente? Los Poderes del Estado ya ni digamos el papelón que están haciendo; aunque en ellos debo reconocer que existen en su mayoría personas honorables como algunos de mis entrañables maestros universitarios, pero que por ahora no pueden o no quieren mover un solo dedo para oponerse a tanto degenere de las instituciones públicas.

Violencia, terror, persecución, garroteaderas a quienes piensen distinto, acoso laboral, intimidaciones, grupos paramilitares, policías partidarios protegiendo a los delincuentes comunes disfrazados de activistas políticos, fiscales sinvergüenzas, rectores vendidos, empresarios serviles, opositores camaleónicos, reos comunes en plena libertad civil y política, autocensura de los críticos, amenazas de muerte a la orden del día, miedo a expresarse en público sobre asuntos de gobierno, persecución de los organismos no gubernamentales, ofensas miserables a defensores históricos de derechos humanos, injurias y calumnias contra personas honorables, acusaciones de traición a los verdaderos defensores de los principios revolucionarios, en fin, eso y mucho más nos está llevando a la repetición de la historia negra del terrorismo de Estado.

¿Hasta cuando el pueblo va a entender que esto es un grave peligro para la democracia en Nicaragua? ¿Cuándo van a despertar de semejante letargo y que no sea muy tarde y al abrir los ojos se vean con los pies y las manos encadenadas con unas traicionadas banderas rojas y negras?

La historia negra se repite, se está instalando a todas puertas el terrorismo de estado, sólo esperemos que tengamos el valor y la fuerza suficiente para repetir nosotros mismos la historia de cómo terminaron tanto el sistema de terror y sus protagonistas en ese final, en esa historia que ya todos conocemos.