•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Cien años cumplirá de fundada la diócesis de Granada este próximo 2 de diciembre. Así lo estableció Pío X en la bula “Quum iuxta apostolicum efratum” (“Están obligados los obispos, por mandato apostólico, a cuidar de su grey”). Al mismo tiempo, la Santa Sede creaba la arquidiócesis de Managua con un obispo auxiliar residente en Matagalpa, más el vicariato apostólico de Bluefields y reducía la extensión de la cuatricentenaria diócesis de León.

¿Quiénes han asumido la responsabilidad de gobernar el episcopado granadino? Siete prelados: cuatro fallecidos y tres vivos. Aquí trazaré una breve semblanza del primero y más ignorado: José Piñol y Batres. Nacido en ciudad de Guatemala el 2 de febrero de 1878, fue ordenado presbítero el 2 de marzo de 1901 tras estudiar en el Pío Latinoamericano de Roma. El delegado pontificio Juan Cagliero lo consagró en San José, Costa Rica, el 22 de marzo de 1914. En esa fecha publicó su primera y única Carta Pastoral dirigida a los feligreses de su diócesis que comprendía los departamentos de Granada, Rivas, Chontales (Boaco existiría a partir de 1935) y la comarca de San Juan del Norte.

Piñol y Batres –quien carecía de casa propia como obispo y su catedral aún estaba en construcción– no duró más de siete meses ejerciendo su dignidad, pues el 29 de octubre del mismo año de 1914 renunció a la misma. Habiendo llegado a Granada el 24 de abril –entre palmas y vítores, y en medio de un calor sofocante, precursor de un formidable aguacero– salió de ella, definitivamente, en septiembre.

El principal argumento de su carta de renuncia fue el clima, incompatible —según él— con su salud, a la que afectaba. Por eso pasó dos largas temporadas fuera de la ciudad, una vez que el jefe político, don Ramón Cuadra, le negara el Instituto Nacional de Oriente para ocuparla de residencia. Primero estuvo en El Diriá, buscando un clima más benigno; y luego en Rivas, como huésped de la familia Maliaño. En ambas localidades recibió ofertas de casa y mesa si se trasladaba a esos lugares. Los dirialeños levantaron una casa cural de dos pisos para él; y las señoritas Maliaño le ofrecieron donarle la quinta llamada Guadalupe.

En el fondo, Piñol y Batres no se adaptó a Granada y tenía muy presentes sus miras en Guatemala, regida por el dictador Manuel Estrada Cabrera. Además, aspiraba al solio arzobispal de su país; no en vano pertenecía a una familia chapina de abolengo.

El 2 de octubre de 1914 dejó el gobierno eclesiástico de Granada al vicario general Rafael Otón Castro Jiménez, quien sería después el primer arzobispo de San José, Costa Rica. Su renuncia le fue aceptada el 10 de julio de 1915, pasando a ser obispo titular de Phacellis. En Guatemala se dedicó a predicar, concitando a la resistencia cívica contra Estrada Cabrera; en consecuencia, fue encarcelado.

Caído Estrada Cabrera, y optando por la vida seglar, marchó a París; allí lo vieron alguna vez salir de la ópera. La Santa Sede lo llamó para confiarle un cargo. El desoyó la oferta. Tampoco quiso recibir a dos sacerdotes excompañeros suyos en el Pío Latino Americano.

Con los años, sin embargo, solicitó ser admitido en un convento franciscano de Montevideo, adonde llegó a visitarle el doctor Carlos Cuadra Pasos en 1933. En palabras de Enrique Guzmán Bermúdez, Cuadra Pasos lo encontró vistiendo un burdo sayal y cubierta la cabeza con la capucha franciscana; acariciando el rosario entre las manos, y teniendo por toda insignia de su elevada investidura una humilde cruz de madera, sujeta a un cordón, que colgaba de su cuello. Y prosigue:

“Hicieron recuerdos de su venida a Nicaragua, de su apoteósico recibimiento, de la negativa de don Ramón (Cuadra) a cederle el Instituto, y los motivos que impedían esa concesión; de sus días pasados en Granada, de su renuncia, que él reconoció como uno de sus más grandes errores. Todo esto recordado por él sin amargura, como quien pasa revista en apolillados y amarillentos infolios, cuyo contenido no despiertan interés alguno.”

Desempeñando los bajos oficios de su comunidad, el que fuera primer obispo de Granada bajó el 10 de julio 1970 a la tumba, sobre la cual, por todo epitafio, se escribió esta lacónica inscripción: Fray Joseph de Guatemala / Episcopus / R.I.P.

 

* Escritor e historiador.